martes, julio 03, 2012

Sobre el problema de los ruidos en la ZC

EN estos días se a suscitado un debate motivado por las molestias que los vecinos de la Zona Colonial de Santo Domingo atribuyen a los bares y discotecas que se han instalados en la Zona, la cual, definitivamente emerge como una oferta tanto cultural como recreativa para la ciudad.
Penelope se suma al debate con la publicación de dos trabajos uno de Emilio Brea y otro, publicado en Diario Libre en su version digital, de mi autoría.
El debate debiera ampliarse a toda la ciudad, pues cotidianamente hay protestas desde los barrios mas disímiles, por los ruidos provocados por colmadones, discotecas y bares, y el problema trasciende a la simple protesta y se entronca en el eterno problema de la gestion urbana. Se controlan los usos de suelo en la ciudad? si es así quien lo hace y quien supervisa su cumplimiento?
Tanto los vecinos como los empresarios de estos negocios, tienen en parte razon, la Zona no es el Vaticano, pero tampoco una disco ligth.
Hay que ponerle el cascabel al gato...
OR

Sobre el problema de los ruidos en la ZC



"Los arquitectos Erick Dorrejo y Pedro Mena, especialistas en el tema urbano, plantean, sobre todo, la necesidad de que los negocios, en especial los que colocan música, utilicen dispositivos aislantes de ruido, para así evitar la contaminación ambiental por ese sentido. Proponen el uso de sistemas de doble puerta o doble cristal, así como delimitar y cerrar las áreas de los negocios donde se colocará música alta. También, que se definan lugares específicos para parqueos, para que las calles de la 'zona' permitan el libre paso de los transeúntes.
"Lo que no se puede pretender es que se tengan la tranquilidad de hace 30 años, pues las ciudades han cambiado... y por la vía de diálogo, yo creo que se puede llegar a un acuerdo", considera Mena. Y recuerda que, aunque en años anteriores la planificación de la ciudades incluía la separación de usos, en la actualidad, las grandes ciudades y modernas, están de vuelta al uso mixto"
Articulo publicado en Diario Libre.

Si bien las ciudades se transforman esa transformación debe ser hacia lo mejor,  el objetivo principal de cualquier Plan Urbano debe ser el de mejorar la calidad de vida de los habitantes, por lo que considero que es una irresponsabilidad plantear que “..no se puede pretender es que se tengan la tranquilidad de hace 30 años, pues las ciudades han cambiado”.
No solo deberían tener esa tranquilidad de hace 30 años si no que deben aspirar a un ambiente aun mejor.
El problema de los negocios en los centros históricos- que es un problema mundial- reside en que deben implementarse, a nivel municipal, ordenanzas precisas  que establezcan  no solo el aislamiento acústico, sino que establezcan  criterios de usos de suelo que compatibilicen las relaciones entre zonas de prevalencias de viviendas con determinados tipos de negocios.
Estas ordenanzas deben responder a unas políticas generales establecidas en los Planes Urbanos y sobre todo en los Planes sectoriales, que tratan de organizar zonas especificas de la ciudad.
Resulta extraño que mientras el Ministerio de Interior asume el papel dar permisos a determinados usos, el Ayuntamiento no asuma una posición al respecto. En todo caso debe ser el Ayuntamiento, prevalentemente, quien en coordinación con la instituciones requeridas, sea esta Interior y policía o cualquier otra, otorgue los permisos de usos para locales comerciales como bares, colmadones, discotecas y otros.
Obviamente estas ordenanzas deben ser productos de un proceso de concertación donde participen los diferentes actores urbanos.
Por otro lado la idea de la ciudad compacta que propone el uso mixto en las ciudades no supone el que un uso pueda agredir los derechos de los ciudadanos a la tranquilidad. Asi mismo este concepto, que entendemos correcto, no supone que se pueda instalar cualquier negocio en cualquier parte, el concepto de “propiedad privada” tiene el límite que impone lo que llamamos “la “propiedad social del espacio” que se expresa en las leyes, reglamentos y ordenanzas que regulan los usos del terreno. Por ejemplo nadie puede poner un prostíbulo en donde quiera a partir de que esa propiedad es mía y hago lo que quiero en mi propiedad.
Nos referimos a un asunto de gestión urbana, de construir los instrumentos necesarios que permitan a todos los sectores, tanto los ciudadanos como los comerciantes, aprovechar las oportunidades de la ciudad compacta sin agredir a los demás. La autoridades municipales deben asumir su papel de administrador de la cosa urbana, mas allá de la recogida de la basura, e implementar con la debida decisión lo que dice la ley,  después de todo como decía Juarez “el respeto al derecho ajeno es la Paz.”
Omar Rancier









El ruido y su importancia urbana
Las autoridades, las juntas de vecinos y algunos periodistas y ciudadanos, están ahora muy preocupados por lo que viene ocurriendo en la zona colonial desde hace ya muchos años atrás. Y parecería ser que solo el ruido les preocupa más que otras cosas.
Sin que les importara antes la inseguridad, el asqueante aspecto de sus calles y plazas, la falta de iluminación urbana, la carencia de salubridad pública (hay ratas y focos contaminantes por doquier) o el que una gran cantidad de inmuebles pasaran a ser propiedad de extranjeros y los intervinieran como les ha venido en ganas, violando normas internacionales sobre la restauración, conservación y puesta en valor de estas edificaciones dentro del ámbito fundacional urbano, ahora lo intangible tiene importancia. El ruido.
Si en la zona no sonara ni un ruidito, nadie se acercara siquiera a ella. El ruido evidencia que hay vida en ella. Encontrar el balance, el adecuado equilibrio debiera ser el principal motivo de preocupación de quienes nos decimos ser ciudadanos conscientes de la significación del espacio que es Patrimonio de la Humanidad.
Si “la zona” tuviera sub zonas en torno a las cuales se aplicaran políticas ineludibles de acción pública para evitar su deterioro y se establecieran horarios inalterables, diurnos y nocturnos, no estaríamos ahora lamentando los ruidos de la modernidad, la presencia sonora del uso que actualmente s le suele dar a todos los espacios interiores y exteriores de atractivos turísticos y culturales, en todos los cascos urbanos del mundo.
Como ejemplo pongamos a la catedral. La Primada de América tiene un ambiente urbano, unos exteriores, que pudieran ser negociados para convertirlos, no en una sub zona de silencio, pero si en una sub zona controlada, donde no se permita más que un mínimo de ruidos necesarios. Como el ruido que molesta es el de la música nocturna de los bares y discotecas, además de la presurización de sus espacios interiores, hay que imponerles horarios y sub zonas para que puedan estar. Entonces, en esa sub zona catedralicia, no podrían más que estar negocios que no alimenten esos ruidos de molestias, lo cual debe incluir el de las plantas de emergencia, el de las alarmas y hasta las impertinentes bocinas de quienes conducen.
Igual debiera hacerse entonces en el entorno de todos los templos de las religiones que pudiera haber en la zona, que en su mayoría son católicos, aunque hay de otras. Y por supuesto, en los centros de salud y educativos. Pero resulta que “la zona” es muy pequeña y si la exprimen, acorralan y empujan, le podrían extraer su encanto.
La calle Del Conde es ideal para bares y discotecas. El Roxy y El Panamericano dejaron sus huellas en esa siendo solo restaurantes con bares. La calle Las Damas también pudiera tener esa vocación, pero sabemos de los celos de las autoridades para que determinados inmuebles se puedan utilizar como recintos de ocio. La avenida del Puerto debiera tener un bar restaurante permanente. Hay allí instalaciones amplias y modernas sub utilizadas. ¿Qué se espera?
Ya una vez regenteamos por once años las ruinas del recuperado espacio del Fuerte y Torreón San Gil. El lugar nos facilitó el éxito y pudimos darnos cuenta que la locación romántica de un sitio histórico tiene gran valor comercial. El cuidado estuvo en no dejarlo que se nos prostituyera. La calidad musical y de alimentos servidos, se unió al influjo del ambiente al aire libre, frente al malecón y a la desembocadura del río y el mar, para jugar a una composición atractiva y escenográfica de primer orden. Pero allí estábamos lejos de todo. A cientos de metros de las casas más cercanas, ya casi todas bajo criterios de explotación comercial puesto que están dando la cara al frente marino.
Estudiar las sub zonas de “la zona” es la tarea de las autoridades municipales, de las otras autoridades religiosas (y presuntamente morales), y de los autorizados a ejercer su derecho a vivir en paz y/o a vivir de los negocios
Emilio Brea

2 comentarios:

marcos a. blonda dijo...

Saludos Omar:

Como comentario te envío un articulo que he publicado en El Caribe el 17 de noviembre de 2004 y que trata sobre el tema.

En la zona

La ciudad es el ámbito de los derechos del ciudadano, es así desde la polis de los griegos

Por Marcos A. Blonda / elcaribecdn.com

Miércoles 17 de noviembre del 2004

Resulta difícil, sino imposible, obtener una definición física de ciudad, esto debido a que la misma es una urdimbre social montada en un armazón físico.
Son relaciones en el espacio, hilos tendidos en unos soportes, dirá Italo Calvino al describir una de sus ciudades invisibles.

La separación de los usos surge con la ciudad moderna. El trabajo y el vivir coincidían en el trazado
de las antiguas ciudades. Las casas y los comercios compartían el mismo espacio y esto se hacía
evidente en el tejido social, las calles y los barrios tenían los nombres de los oficios de los habitantes, calle de los plateros, barrio de los canteros, por decir algunos ejemplos. Esa es la ciudad que heredamos de nuestros antepasados y que hoy llamamos Zona Colonial.

La Zona Colonial, que hoy es un sector de la ciudad, pero que una vez fue la ciudad en sí, aun posee
esa condición de multiplicidad de diferentes usos en un mismo espacio.

Esto es lo que la mantiene viva. Una ciudad museo es, después de cierta hora, una ciudad muerta.
Una ciudad así nadie quiere visitarla. Permanece como una postal o como las ruinas de una
civilización extinta. Las casas, los colmados, las iglesias y los bares, todos caben en la ciudad.
Las tabernas existieron siempre, y siempre convivieron con los otros usos que se daban en la urbe.
Hoy, ante la problemática que plantea la operación de bares en las cercanías de templos católicos en la Ciudad Colonial, la solución que se presenta de primera mano es cerrar dichos bares.

Cuando se prohíbe de plano una actividad no se educa, no se crea una estructura de respeto al otro,
simplemente se trata de someter a una de las partes en conflicto y gana quien tenga más fuerza.
La ciudad es el ámbito de los derechos del ciudadano, es así desde la polis de los griegos.
Todos tenemos derecho al espacio citadino, pero este derecho implica la responsabilidad del respeto al derecho ajeno.
Por tanto, cualquier problema que se plantee en el esquema de convivencia dentro del hecho urbano
debe ser discutido en un espacio de diálogo que sea tan democrático como la ciudad misma.
De nada servirán las actitudes renacentistas porque ya las ciudades dejaron de ser el coto de los duques y condes y son el ámbito del ciudadano que convive con su semejante en un clima de respeto
mutuo.

En el medioevo, cuando un siervo se escapaba de un feudo, era libre a la hora del Ángelus después de
pasar un año y un día en una ciudad. Nadie podía ser hecho esclavo en una ciudad griega en tiempos de paz.

La urbe es, pues, el ámbito de la libertad, pero esta libertad implica respeto al otro y ese respeto se ejerce en el diálogo, en la búsqueda de soluciones de consenso.

Marcos A. Blonda es arquitecto

Omar Rancier dijo...

Cierto Marcos, coincido contigo, lo que habria que precisar es que el consenso debe concretizarse en normativas y que las normativas deben aplicarse por los municipios, por eso lo de que todo estriba en un problema de GESTION.