jueves, noviembre 23, 2023

 La consolidación de la vulnerabilidad. A propósito de las aguas de noviembre.





Lo sucedido el sábado 18 de noviembre, como lo sucedido un año antes, nos demuestra cuán vulnerable es la ciudad de Santo Domingo. Obviamente la conjunción de varios factores, una serie de eventos desafortunados incrementó dramáticamente el efecto, que esta vez costó muchas más vidas que el año anterior.

Algunos de esos factores, como los efectos del cambio climático o la impresionante cantidad de agua que trajo la tormenta, podrían considerarse imprevisibles, pero lo cierto es que a esa condición de aleatoriedad se le debe sumar la falta de prevención tanto en la planificación urbana como en la implementación de programas de prevención y mitigación de desastres. Una de las lecciones que no se ha acabado de comprender es la responsabilidad del Estado de desarrollar programas de prevención entre los cuales debe destacarse los programas de supervisión sistemática de las estructuras viales y vitales, que además deben ser programas transversales a todas las escalas de planificación, comenzando por la Planificación municipal y urbana.

En esta ocasión se falló en todos los aspectos, desde la inadvertencia por parte de las autoridades de las recomendaciones realizadas por una comisión técnica del CODIA, hace 23 años, sobre las deficiencias de los paneles de hormigón del paso a desnivel de la intersección de la avenida 27 de febrero con la avenida Máximo Gómez hasta las alertas e identificación de refugios de las zonas vulnerables y las mas elementales acciones de limpiar desagües.

OR

Foto: noticias.do

Los gobiernos locales deben desarrollar sus planes de ordenamiento urbano con la inclusión de planes de prevención lo que supone que deben coordinar acciones con las diferentes sectoriales, principalmente con Obras Publicas y con Vivienda, que deben revisar e inspeccionar las obras viales, las infraestructuras urbanas, las edificaciones vitales (escuelas, hospitales, servicios de emergencia y seguridad) y coordinar sus programas con el plan municipal y urbano. Y en las áreas rurales deben coordinar con Medio Ambiente, Agricultura y Turismo, entre otras instituciones gubernamentales.

Hemos sido desde hace tiempo una sociedad post desastres. Se actúa con bastante eficiencia para enmendar los daños causados por los eventos naturales, pero no se ha podido construir una cultura de la prevención y aún peor, se desarrollado una contra cultura de consolidar los riesgos y construir vulnerabilidad.

Si el evento del año pasado tomó a la ciudad de sorpresa y evidenció las debilidades en la planificación, que ha permitido que la ciudad crezca sin la debida dotación de alcantarillado pluvial y sanitario, pavimentando casi totalmente el suelo urbano aumentando así las escorrentías, con un absoluto descontrol en el manejo de los desechos sólidos que son arrastrados a los pocos desagües tapándolos y ocasionando inundaciones; en esta ocasión se conocía desde casi una semana que se iba a recibir grandes cantidades de lluvia y no se implementó un programa de prevención al respecto, limpiando los desagües, podando árboles y supervisando las infraestructuras vitales  y el estado de las vías.

Además de las muertes trágicas en el paso a desnivel y las muertes y pérdidas de ajuares y ropas, menos comentadas , por inundaciones y crecidas en comunidades y barrios marginados, lo más preocupante es la tendencia, que se ha implantado como una práctica normal desde hace muchos años, de consolidar el riesgo. La cantidad de comunidades asentadas en zonas inundables, a orillas de cursos de agua o en zonas propensas a deslizamientos de tierra son muchas y las mismas, producto de las migraciones internas donde las poblaciones más pobres se movilizan hacia las grandes ciudades, buscando colocarse en un mejor mercado de trabajo son muchas veces consolidadas por las autoridades gubernamentales y municipales al llevarle, precariamente, algunos servicios en lugar de reasentarlas en territorios seguros.

Al hacerles aceras o instalarles sistemas de tuberías con la que le venden la ilusión de dotarlas de agua potable, elemento que rara vez recorre esas tuberías, en territorios que se inundan o pueden deslizarse, lo que se hace es consolidar la vulnerabilidad de esas comunidades.

La magnitud de la tragedia del paso a desnivel minimiza la situación que sufrieron y sufren las comunidades mas pobres y vulnerables que por necesidad, y por falta de gestión, construyen cotidianamente el riesgo donde viven. 

Es necesario establecer responsabilidades, pero sobre todo es necesario asumirlas e iniciar los procesos de planificación que se necesitan para tener ciudades sostenibles, seguras y resilientes. Hay que retomar los programas de educación ciudadana, que sensibilice a la población, con la participación de los municipios,  sobre la disposición de los desechos públicos. Iniciar programas que involucren a las empresas en la reducción de la huella de carbono y de la producción de plásticos.

Esta tragedia hay que convertirla en una oportunidad para iniciar todos estos procesos y para eso está la ley 368-22 de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos establece en sus artículos 74 y 75, la responsabilidad del Estado en no permitir asentamientos en terrenos calificados como de riesgos. Pero que también proporciona los instrumentos para planificar el territorio y evitar que sigan sucediendo esta serie trágica de eventos desafortunados.

 

Foto: El Nacional 

 

viernes, noviembre 03, 2023

EN EL DIA DE LA ARQUITECTURA DOMINICANA



En el Día de la Arquitectura Dominicana.


 



Hace 35 años, el 2 de noviembre de 1988, Joaquín Balaguer a solicitud del Grupo Nuevarquitectura emitió el decreto 503-88 donde se instuye, en su único artículo, el 3 de noviembre de cada año como el “Día de la Arquitectura Dominicana”.  Fue una manera de hacer visible y reconocer los aportes de los arquitectos dominicanos a la sociedad.

Desde entonces en el día 3de noviembre, fecha del nacimiento de Guillermo González, reconocido como el padre de la arquitectura moderna dominicana, diseñador del Parque Eugenio Maria de Hostos, inicialmente conocido como Parque Ranfis, del desaparecido Hotel Jaragua y de los principales edificios del Centro de los Héroes, antigua Feria de la Paz, se celebra la arquitectura dominicana.

Visto en retrospectiva he dicho anteriormente que, finalmente, la sociedad dominicana ha entendido que el diseño aporta plusvalía a las edificaciones y a la ciudad; y que nuestra arquitectura, de manos de un grupo de arquitectos de varias generaciones, ha dado un salto impresionante en cuanto a la profesionalización de la práctica, pero no así en cuanto a una profundización conceptual. Esto es evidente en la cantidad de buenos edificios que se refieren a tipos comercializados basados en la imagen, repetidores de los modelos del sistema. No hay la suficiente exploración en nuestra cultura, en la cultura de la ciudad y sobre todo no hay debate sobre esos temas. Repito, se ha avanzado de forma impresionante en la profesionalización y la imagen  y no en la profundización conceptual y en el pensamiento.


El “pathos” que existía en 1988, cuando además del decreto se celebró la Segunda Bienal de Arquitectura de Santo Domingo,  dedicada a José Antonio Caro, que había iniciado Nuevarquitectura en 1986, se ha ido extinguiendo. El debate crítico que encendió Nuevarquitectura se ha silenciado. Las publicaciones, que han hecho un trabajo formidable, han sucumbido a una especie de “vanity fair”con poco contenido crítico que inciten al debate y al pensamiento.

La ciudad no se discute y la arquitectura pública no ha sido especialmente relevante. Se han perdido los debates críticos e ideológicos, las publicaciones se alinean al pensamiento neoliberal, las academias se interesan más por los procedimientos y el ranking que por la profundidad del pensamiento crítico e histórico, las asociaciones profesionales se han politizado rumiando su propio desatino y las nuevas generaciones se han profesionalizado huérfanas de pensamiento y rendidas a la economía neoliberal.

Creo que, a pesar del reconocimiento social del arquitecto, las empresas y el propio Estado, aún no reconocen la potencialidad del diseño arquitectónico y urbano como significado estructurante de la democracia. Resulta paradójico, y preocupante, que los gobiernos de fuerza han sido más coherentes en ese sentido.

En la República Dominicana no ha habido un relevo generacional que recoja lo que iniciamos en 1979. Salvo muy raras excepciones – y pienso en la seriedad y profundidad de los trabajos de Marcos Blonda y Alex Mártinez como arquitectos y de Miguel de Mena, como sociólogo e intelectual– encontramos nuevas reflexiones y aportes sobre la ciudad y la arquitectura y las mismas se desenvuelven más en lo académico que en lo crítico. El debate sobre la arquitectura y la ciudad que se daba entre profesionales y que una vez sorprendiera los estudiantes puertorriqueños que nos visitaban como parte de los cursos de Emilio Martinez, Andres Mignucci, Manuel Bermudez y Jorge Rigau, se ha acallado; la crítica mordaz y profunda de Emilio Brea no ha sido recogida, el compromiso con el pensamiento parece en vías de extinción y se discuten banalidades en las redes sociales pero no se asumen posturas críticas publicamente.

A pesar de este panorama exultante y dinámico, raro y decadente a la vez, creo que se puede restaurar el pathos” perdido y comenzar un nuevo debate que ayude a dar profundidad a nuestra arquitectura y a nuestro urbanismo, sobre todo, aprovechando que tenemos un nuevo marco legal en cuanto al Ordenamiento Territorial.

Finalmente quiero reconocer a ese maravilloso grupo de amigos, demasiado grande para mencionarlos a todos, que nos han acompañado en esta trayectoria que se inició con un grupo de arquitectas recién graduadas de la UASD y que se incendió con la participación de Emilio Brea.


OR

tresdenoviembredeldosmilveintitrediadelaarquitecturadominica.



 

miércoles, noviembre 01, 2023

A SÓCRATES, MI AMIGO… ALLA EN SU ESTRELLA, DONDE QUIERA QUE ESTÉ...

 Sócrates, mi amigo...



 

Umbrío por la pena, casi bruno

Porque la pena tizna cuando estalla

Donde yo no me hallo no se halla

Hombre más apenado que ninguno.

Miguel Hernández

 

Segundo Sócrates Bello Ortiz fue uno de esos amigos de siempre. No importaba cuanto tiempo dejáramos de vernos, los reencuentros eran como el continuar de una sola conversación.

Nos conocimos en el Colegio La Milagrosa, cuando estaba en la calle José Reyes, antes de la revolución de abril del 65 y desde el principio nos hicimos amigos. Inteligente, responsable, serio en el mejor de los sentidos, era el de carácter más adulto de todos nosotros. Ahí hicimos un grupo en el que participábamos Sócrates y Eduardito Dinzey y que posteriormente se fueron incorporando Juan Felipe Rivera, del que he perdido el rastro totalmente, Rimaldo y Salvador Tavarez, Francisco- Chichí y Andresito García, con quienes he mantenido una larga y entrañable amistad. 




Recuerdo de Sócrates su participación en los careos que hacia la profesora Haydée Acevedo, en los cuales siempre se destacaba. Hace unos meses en el chat de la promoción postearon una foto de esos careos y se la envié a Sócrates comentándole que no me acordaba del sitio y me contestó entusiasmado: “Creo que fue en 2do teórico.Una de las famosas mesas redonda de Haydée. Si la memoria no me falla el coordinador está de espalda, y adivina ERA YO”



En el 68 o 69, no recuerdo bien comenzamos a producir un periódico mural muy contestatario, y otro mimeografiado, aún no entiendo cómo nos dejaron producir aquellos periódicos. El mural duró hasta una navidad en la cual pusimos en él la frase Y PAZ EN LA TIERRA, acompañada de fotos de los niños desnutridos de Biafra. Aquello ocasionó una llamada de la dirección y la desaparición del mural. Por aquella fecha hicimos un acercamiento con las chicas del Colegio La Altagracia y organizamos un retiro en Nigua. En aquel retiró murió ahogado César el hermano menor de Sócrates, un evento muy traumático para lo que participamos. La última edición del periódico mimeografiado se refería a ese desafortunado accidente y recuerdo haber publicado un poema muy malo que se iniciaba con la frase :  “¿Qué te hemos hecho playa de Nigua?", y asociaba la pérdida de César con el hecho de que aquella casa en que hicimos el retiro era de Trujillo.

 

Cuando terminamos el bachillerato me mantuve un buen tiempo viendo a Sócrates. El decidió estudiar medicina en la UNPHU y yo arquitectura en la UASD. Asi fuimos dejándonos de ver, pero la amistad y el cariño se mantuvo siempre igual. 


Nos encontramos de nuevo en las reuniones de la promoción de La Milagrosa y recuerdo aquel  memorable encuentro que organizó Faly Cruz en el restaurante italiano Bottega Fratelli, para llenar el vacío de nuestra promoción por no haber tenido ceremonia de graduación y al que fuimos todos con birretes y esclavinas. De ese encuentro recuerdo el cariño que afloró de nuevo entre todos los de la promoción y que Faly ha tenido la fortaleza de mantener a través del chat Milagrosianos y los encuentros periódicos que organiza y recuerdo también la presencia entusiasta de Eduardito Dinzey , cojeando y con su bastón, y la figura esbelta de Guillermina González, por mencionar dos amigos queridos que no están más con nosotros.


Posteriormente nos encontramos en la UNPHU, él como uno de los profesores más importantes de la escuela de medicina y yo como profesor de la escuela de arquitectura y urbanismo.


Luego de mi accidente del 2011, Sócrates se convirtió en mi médico de cabecera y cuando tuve el infarto, en plena pandemia, le dio seguimiento cercano. Periódicamente pasaba por su consultorio y en esas ocasiones discutíamos sobre la universidad, siempre estuvo comprometido con la universidad y le preocupaba sobre manera los efectos de la pandemia en los procesos de enseñanza. En estos días teníamos agendado una consulta que nunca tendré…

Escribo estas líneas tristes con lágrimas en los ojos, un nudo en la garganta y la rabia de no haber podido despedirme de mi amigo.

Terminando estas líneas recibí de Chichí la canción de Serrat de la Elegía, que Miguel Hernández, el gran poeta español, dedicó a su amigo de infancia Ramón Sijé, considerada una de las dos mejores elegías en el idioma español (la otra es la "Elegía a la muerte de mi padre" de Jorge Manrique) las dos se las comparto porque creo que sintetizan ese dolor tan grande que sentimos cuando un amigo se va.