sábado, agosto 06, 2016

Santo Domingo ¿Utopía o Distopía?

Santo Domingo 518 años: ¿Utopía o Distopía?

Bonyé. Ruinas de San Francisco. Homenaje a Pablo Morel. OR



Hace 518 años, años mas o años menos, Bartolomé Colón recaló en la costa sur de la Española, en la ribera de un caudaloso río, llamado Ozama por los habitantes originales de la zona y le dio por fundar una villa que llamó como su padre ( o porque era domingo): Santo Domingo. A cinco siglos, dieciocho años y algunos días, la primera ciudad de modelo europeo de estas tierras que sus conquistadores llamaron “nuevo mundo”, la ciudad del Ozama, Santo Domingo, capital de un Estado conocido como la República Dominicana, que ha tenido tres procesos de independencia y  ha sido invadida por los haitianos  y dos veces por los norteamericanos, se levanta, con un atractivo skyline, sobre la costa del mar de los Indios Caribes con sus engañosas promesas de oportunidades.
Ciudad que aun puede ser considerada la ciudad que tipifica lo urbano en el Caribe, Santo Domingo es para mucho una promesa para, por lo menos, poder sobrevivir y para otros, la tierra de las oportunidades perdidas. Otros, por su parte la consideran la ciudad donde se puede hacer lo que les de la gana y otros, ingenuos soñadores, como yo, la entienden todavía como una oportunidad para organizar un espacio democrático, equitativo, plural y además bello.
Lo cierto es que las palabras que mejor califican a la Ciudad del Ozama probablemente sean palabras como caos, desorden, injusta y agresiva; todo esto producto de una gestión deficiente, discrecional y poco dada a cumplir las leyes. Sin embargo para los que creemos aun en la ciudad, Santo Domingo puede mejorar, lo que muchos entienden como una utopía utilizando el termino peyorativamente y equivalente a ingenuos o facultos, que somos aquellos que creemos en la planificación, en la participación comunitaria no populista ni pobrista, en el fortalecimiento institucional a través de cumplir y hacer cumplir las leyes. Eduardo Galeano comparaba la utopía con el horizonte, porque como este si nos acercamos dos pasos la utopía se aleja dos pasos también y concluía diciendo, “ la utopía sirve para eso, sirve para caminar". Soy un enamorado de la utopía en esos términos.
Cuando en 1516 Tomás Moro escribe su libro “Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía”, describe un gobierno ideal en una tierra que no existe (utopía) con un río llamado Anhidro ( sin agua), una historia contada por Hitlodeo ( el que habla a tontas y a locas) y califica una actitud que ha definido al ser humano siempre, la de imaginarse el futuro como un  futuro mejor. Con la declaración del fin de la historia y de las ideologías realizada por los neoliberales en un mundo globalizado,se ha tratado de descalificar  a la utopía y  de rendir culto al pragmatismo. Los resultados están a la vista, en el mundo existen ahora más desigualdades y los nuevos paradigmas se articulan en figuras grotescas que ha su vez tratan de sustituir  valores  por dinero. Sin embargo mas que el pragmatismo lo que se instalado entre los milleniars es la distopía, que es lo contrario a la utopía, la idea que debemos reconocer un mundo deforme  e injusto y seguir construyendo desigualdades que enriquezcan a unos pocos.
Santo Domingo es un buen ejemplo de distopía. El Gran Santo Domingo, para tener una idea de este transito hacia la entropía a que estamos sometido, crece desordenadamente el equivalente a casi nueve veces la Ciudad Colonial cada año;  sin embargo creo que desde la utopía Santo Domingo ( y todas las ciudades dominicanas)se puede recomponer como una ciudad mejor, donde los espacios públicos no sean grotescas figuras de animales exóticos y su dotación sea adecuada y de una buena calidad de diseño, donde el tránsito se organice a partir de una visión de ciudad estructurada con un Plan integral, donde se respeten la normas y las leyes, donde se construyan verdaderamente oportunidades para todos, integrado todo esto en una visión de genero y en una verdadera gestión de riesgo que no permita asentamientos humanos ( ni escuelas) en zonas vulnerables, ni se use el turismo como patente de corso para agredir los ciudadanos con megacasinos rockeros. La nueva administración municipal de Santo Domingo espero que apueste por la utopía. 
Por Santo Domingo yo apuesto por la utopía, y usted?.
Omar Rancier
Limpiando El Conde como hay que limpiar toda la ciudad. OR


lunes, julio 18, 2016

Una Vista Pública...



El viernes pasado en el Hotel Barceló, antiguo Hotel Lina, se realizó un ejercicio bastante extraño de Vista Pública Ambiental, convocado por los desarrolladores del Hard Rock Hotel y Casino que se proyectó en la Av. Abraham Lincoln del Polígono Central. Y digo bastante extraño porque antes de comenzar la actividad los convocantes tenían redactada una nota de prensa informando que en la vista pública se había determinado la viabilidad ambiental del proyecto. Cosa extraña porque la actividad estaba moderada por uno de los periodistas más reputados del país. 
El tema es que los vecinos del Polígono Central objetan el mega casino que acompañaría este proyecto ( alguien dijo que ese no era un hotel con un casino, sino un casino con un hotel!) y exigen que se cumplan las normas del sector que promueven una densidad de 400 Hab/Ha y una altura máxima de 14 pisos más 1.5 pisos adicionales por piso de parqueo soterrado, cuando el proyecto de Hard Rock Hotel y Casino tendría 38 pisos de altura y una densidad de 1575 Hab/Ha.
Durante la vista pública dos participaciones fueron relevantes, la de Mirtha Cabral, que explicó de una manera clara y detallada la posición de los vecinos, que no se oponen al proyecto pero exigen que se cumplan las normas y las leyes y la de Lucía Amelia Cabral, que con toda la maestría de una artista de las letras, expuso lo que ha acarreado para el malecón de Santo Domingo la implementación de estrategias  turísticas mal enfocadas. En una conferencia que diera en el marco del Seminario de Turismo  y Tercer Coloquio RIGPAC celebrado en septiembre del 2014 en UNIBE, que titulé "Entre  llamar al Diablo y verlo venir" planteaba lo mismo, pero sin la belleza y contundencia que lo hace Lucía Amelia Cabral.
          OR 


Palabras de Lucía Amelia Cabral en la Vista Pública Ambiental del proyecto Hard Rock Hotel y Casino.

Se ha hablado de ilegalidad y es verdad.
De la violación de espacio y es verdad.
De una ciudad maltratada y es verdad.
¡Y es más y es peor!
Hoy se plantea la conveniencia o no de intentar meter un elefante en una caja de fosforo.
Las imágenes, siempre, son precisas, eficientes, directas al pensamiento y la emoción.  Útiles como son, se me ocurre otra, tal vez más elocuente.  Aquí se pretende que un dragón de fuego, de cola dura e ingobernable, le hagamos nido en la palma de nuestras manos.
¡no! Una comunidad, una nación que pierde la noción y el derecho de rechazar lo inaceptable se coloca al borde del abismo, sea por intereses o miopía, o por lastimoso agotamiento de sus energías  
Easí.  Pero nosotros, que representamos miles de familias, no por amanecer en sorpresa, se nos ha robado la perspectiva de lo que hay que hacer, de lo que hay que defender y de lo que no se puede admitir.  
Mis hijos hicieron primaria en el colegio St. Georgesentonces cara a la Lincoln, frente a un supermercado, en una definición barrial armoniosa, sin conflictos.  Luego pasaron a la escuela Lux Mundi. A esos catorce años sumamos dieciséis más como residentes de Piantini.  Ciertamente, el progreso ha pasado por nuestras vidas y por nuestro entornoPero nunca más que hoy hay que subrayar que el progreso tiene obligación moral, no puede dañar, no puede dinamitar, tiene que ser cónsono con el espíritu de las cosas, propiciar el crecimiento que implica un proceso de mejora, en fin, tiene que velar por el bienestar común.  
Esta tarde no puedo dejar de mencionar, recordar, junto a ustedes, lo que una vez fue un paseo de encanto, patrimonio de una ciudad privilegiada, a la orilla misma de la costa.  ¿qué le trajeron los casinos?   ¿Fueron acaso un puntal de apoyo a nuestra política turística?  NO, le trajeron la muerte.  El Malecón dejó de ser de todos, dejó de ser hermoso, dejó de ser un icono de la industria turística dominicana.  
Que su oscura lección ilumine este encuentro de esperanza.  ¡Es cuanto!
Lucia Amelia Cabral

lunes, julio 11, 2016

Emilio






Emilio






Pena es mi paz y pena mi batalla.
                                                          Miguel Hernández

Hace ya dos años que se nos fue y aún está presente. 
Hoy me siento umbrío por la pena, casi bruno, como dice el poeta y como él se que la pena tizna cuando estalla. Perdió su batalla con la muerte pero la ganó con la historia.
Hoy la triste realidad nos da en la cara y no tenemos su voz cuando la necesitamos. 
Cuantas cosas diría Emilio sobre el desaguisado de las ruinas de San Francisco, sobre los desarticulados planes viales, sobre las dolencias políticas y sociales que se han convertido en el pan nuestro de cada día!
Hoy no quiero escribir sobre Emilio, no puedo. Por eso les dejo a ustedes su propia voz.



Topo-des-humanizacion mundial...





D
ependiendo de las prisas, la raza humana del mañana vivirá bajo la tierra. Ya hoy se puede notar cuan tan a prisa mueren nuestros jóvenes. Así de rápido va la vida.
Pero no vivirán enterrados porque estén muertos, se enterrarán en vida porque temerán. Entre el temor y el terror, el ser humano de los próximos cien años tendrá que hacerse de extraordinarios sistemas de supervivencia para sobrevivir.
Y estos no estarán ni en los cielos ni sobre la superficie de los mal llamados planetas. Estarán bajo tierra. Los gusanos serán los vecinos del futuro. Zootécnicamente todo es posible.
Sería una vuelta a las cavernas sin entrar en ellas, si no construyéndolas. La paranoia por ahí conduce.
Ni las plataformas marinas ni las encumbradas cimas del mundo ni las estaciones orbitales ya serán garantes de la seguridad Habrá que enterrarse.
Las ciudades aceleran su velocidad de dudosa reputación urbanística y han caído en el recelo de la sospecha fundada al convertirse en megalópolis voraces de toda ecuanimidad posible.
El que mil helicópteros sobrevuelen Sao Paulo al mismo tiempo, cualquier día y hora de semana, es aterrador.
O no sirve el transporte de superficie o colapsó, y los y las que poseen los recursos económicos, tienen que recurrir a saltar de una edificio a otro, como ultramodernos hombres y mujeres arañas de negocios que, de azotea en azotea, descienden y ascienden para poder hacer su trabajo a tiempo.
Se hace comprensible que necesiten alcoholizarse o drogarse cuando terminan de trabajar.
Probablemente nadie nos podía creer cuando decíamos, años atrás, que el fracaso del urbanismo era inevitable, que estábamos frente a él, que habían desaparecido las garantías humanas para solventar la gestión urbana por encima de las mecanicistas y la tropelía de necesidades inmediatas a que se había visto abocado el ser humano en su arduo tráfago laboral y hasta de esparcimiento y/o entretenimientos.
Hablaba del fracaso de la gestión urbana. Leer la derrota permite comprensiones reflexionantes.
Las razones por la que la ciudad de Curitiba, en Brasil, se levantó de la nada hace apenas 30 o menos años, y se recuperó del caos existencial que amenazaba su futuro, gracias a la labor tesonera de un Alcalde que siendo arquitecto y urbanista (Jaime Lerner) se hizo político, o quizás ya lo era o lo había sido siempre, y por elecciones municipales fue “sindico” durante 12 años y en tres períodos no precisamente sucesivos (1971—75 / 79—83 y 89—92), para luego ser Gobernador de Paraná, su provincia, en dos períodos sucesivos (94—98—2002), es un indicio que refleja cuan lejos estamos de conducir por el mejor de los senderos, las gestiones urbanas que nos puedan sacar del atolladero urbano.
En Curitiba no hay metro. Se puso en marcha el sistema ya latinoamericanizado del transmilenio que tanto éxito ha tenido en Bogotá.
En esas y otras ciudades sin ínfulas de New York chiquito ni Miami ambicionado, se apuesta a la eficiencia no al despilfarro.
Aquí los anuncios presagiaban planificaciones quijotescas donde todo estaba previsto y dijeron que no habría entaponamientos ni molestias, solo cuotas de sacrificios, todo en aras del desarrollo y del progreso sostenible…La realidad ha sido otra.
Como tampoco hay varitas mágicas para solucionar el problema ancestral y redundantemente prioritario de la luz, léase la energía. Tampoco para sentar decentemente a los niños en las escuelas y proveer a los hospitales, y ajusticiar a los corruptos, y controlar la delincuencia, y disminuir el bandolerismo, ni el vandalismo, ni el salvajismo urbano…Casi 3,000 millones, y agotado el presupuesto nacional se buscan préstamos para seguir con las zanjas, túneles, trincheras, socavones, bloqueos, desvíos y trampas que hasta cobran víctimas inocentes del traficar en desequilibrios tormentosos sin huracanes a la vista. 
Ahora entiendo el metro del Distrito Nacional que empieza y termina en Villa Mella, aunque solo sea demagógicamente, no urbanísticamente. Entiendo el corte a lo corto, en una ciudad más larga que ancha. Se alega que es tan solo su inicio. No imagino su reinicio.
Y lo entiendo sobre una ruta del colesterol (Villa Mella-Feria), de fritura en fritura, pasando cerca pero no tanto, de los lugares donde necesitan del servicio.
Las parturientas tendrán que seguir caminando hasta y desde los hospitales.
Ahora entiendo el metro criollo sin centímetros de lógica urbanística, como el de la coloratura carnavalesca montado en rieles de progreso forzado, para situarse en medio de la farra transversal de una ciudad embriagada de crecimientos anárquicos que siguen la ley de la expansión longitudinal, sin destino ni freno alguno.
Pero nunca lo entenderé en lo económico, como obra prioritaria del Estado, con recursos totalmente cubiertos por el Estado, cuando el servicio de transporte de superficie se les deja a lo privado, a las mafias revoltosas que desacatan las leyes, todas, las de tránsito y las de penalizaciones mayores por tráfico de influencia, malversaciones y fraudes. Así el subterráneo será del Estado, escondido y profundo, ostensiblemente oneroso, pero orgullosamente moderno… Mientras las evasiones seguirán siendo privatizadas, las sentencias desacatadas y los presuntos implicados, regocijados en sus éxitos que no les obliga a devolver, solo a pagar sumas irrisorias desde la comodidad del arresto domiciliario y bajo el confort del aire acondicionado, la planta de emergencia, las piscinas y los cócteles tropicales y los espumantes vinos franceses...
Sobre la lógica antilógica de lo escrito arriba, al empezar, imagino los metros horadados bajo la Gran Muralla, bajo los canales de Venecia, serpenteando entre pirámides egipcias, de museo en museo bajo el Berlín contemporáneo, saliendo y entrando estratégicamente sin Guimard para que les diseñe las puertas e interiores de sus estaciones… Ya habrá sido el tiempo ido de los diversos Haussmann sin cabezas que traumatizaron las ciudades, y la República no pudo escapar.
 Emilio Brea. 6/10/2006







miércoles, mayo 04, 2016

Arando en el Mar?

Arando en el mar?
37 años y un día del Grupo Nuevarquitectura.









Como todos los tres de mayo, escribo mi testimonio de agradecimiento –esta vez el día cuatro- al grupo de mujeres que me permitieron vivir la aventura de Nuevarquitectura. La iniciativa gestada en un grupo de arquitectas recién egresadas de las aulas de la UASD, insatisfechas con el grado de conocimiento adquirido en la academia, de organizar un grupo de estudios, floreció cada tres de mayo en los resultados de un grupo muy especial que tuvo el coraje de iniciar, contra viento y marea, un proceso de critica y de estudio de la arquitectura dominicana que aun no se ha igualado, entre otras cosas porque no ha habido un relevo generacional comprometido con la arquitectura dominicana de una manera tan desinteresada y sincera como lo ha hecho el GNA.
Ese vacío generacional comprometido con denunciar, estudiar, criticar en el mejor de los sentidos y promocionar nuestra arquitectura me hace pensar que durante 37 años hemos estado arando en el mar. Nada ha cambiado excepto que no hay una voz nueva tratando de “desfacer entuertos” y celebrando los aportes al pensamiento teórico y a la profundidad del diseño.
Seguimos secuestrados como nación por políticos y politicastros, por saltimbanquis y comediantes, por comerciantes de los valores y promotores de la no ciudad. Seguimos teniendo ministerios que entienden que ampliar vías a costa del verde urbano y hacer elevados es hacer una ciudad mejor. Seguimos deslumbrados por los espejismos del turismo cuyos promotores se dan el lujo de admitir que apoyan las violaciones de las normativas urbanas.
La ciudad colonial de Santo Domingo  sigue sin doliente y asaltada y amenazadas sus ruinas todo por la irracionalidad de tener una arquitectura de “marca” negándose a la capacidad local y convirtiéndose en un barrio de lujo producto de la gentrificación planificada. La metrópolis se sigue tragando cada año casi nueve veces la ciudad colonial en su expansión  muchas veces  hacia tierras agrícolas.
Las universidades no acaban de aterrizar en su rol de formadores de una conciencia social y se llenan de masters y PHD’s que no aportan nada, que no escriben nada, que no investigan nada y que utilizan su grado como escudo para lidiar en licitaciones  y acreditaciones.
La apartamentosis aguda que diagnosticara Emilio hace mas de treinta años se ha multiplicado al punto de crear la paradoja de Gascue. Los barrios populares y pericentrales  se convierten en grandes tiendas y estacionamientos y las plazas públicas son desplazadas por los grandes “malls” climatizados. Realizar las Bienales de Arquitectura de Santo Domingo sigue siendo una labor titánica en la que hay inclusive que sufrir  desplantes ministeriales de un ministerio venido a menos por su propia  negligencia.
Aramos en el mar? No pudimos motivar a una nueva generación que nos relevara en la contienda? Tenemos tan poco futuro?. No se, pero hay algo que me dice que aun hay esperanzas y por eso agradezco a Edda Virginia, a Sheyla ,a Angelita, a Fatima y a Nourys su poética y trascendente iniciativa. Agradezco también a Manuel, a Raffi, a Emilio( siempre en el corazón), a Cuquito ( ese inmenso humanista que ayer también cumplió años), a Plácido,  Eduardo, Don Billie, que me alentaron a seguir, a Harry, Yuyo, Cesar, Jordi, a Joaquín, a Guaroa, Carlos, a Pablo Morel a quien todavía lloro, a Luis, a Pablo y Pedro José, a Tobi, a Don Eugenio Pérez Montas a quien tanto admiro, a Manolito y a Rafael Tomas, a Cuqui el último caballero de Santiago, a Carmen y  Lourdes , a Juan, a JED, a Blonda, Maura, Linda, A Miguelín, a Nicolás, a mis estudiantes, los de ahora y los de siempre, a todos mis amigos y a mi familia y a todos los que nos apoyaron y apoyan.
OR           


viernes, abril 29, 2016

Donde digo digo...

Donde digo digo...

Foto tomada de internet.

En nuestro país la norma es que no se cumplan las normas para favorecer sectores económicos y políticos. Cualquier normativa que pretenda dar iguales oportunidades a los ciudadanos, tratando de lograr ese concepto tan escurridizo como es “la calidad de vida” colisiona  siempre con los intereses de los que han tomado el neoliberalismo como patente de corso para hacer lo que les de la gana. A los que nos hemos opuesto a esta corriente nos han tachado, peyorativamente, de “facultos”, “utópicos” y hasta de “radicales “ y “ comunistas”.
Ahora y producto de los reclamos de un grupo de vecino que entienden que un proyecto de un Hotel de lujo  puede lastimar sus derechos y que denuncian que la construcción se ha iniciado sin los permisos correspondientes y  que el proyecto viola las restricciones normativas de las altura, se pone de nuevo sobre el tapete el tema de las regulaciones, planes y normativas. La práctica constructiva en el país permite que muchas veces los proyectos comiencen sin los permisos aprobados. En este caso, como en casos anteriores, el problema reside en que se quiere argumentar la pertinencia económica del proyecto y ponerla por encima de las normativas.
Por eso  resulta alarmante que una asociación empresarial declare que apoya un proyecto turístico aun si no cumple con las normativas urbanas, que en todo caso están por encima de cualquier condición turística. Es lamentable que se argumente con  la desagradable comparación entre hoteles y centros educativos , poniendo por encima al derecho a la enseñanza el comercio turístico.  Y aún peor es que se sugiere que la presencia del Presidente de la República sea un referente para violar las normativas urbanas. Si ciertamente nuestra economía actual depende en mucho del sobrevalorado “desarrollo  turismo” , el mismo no es ni será la panacea para nuestros problemas de desarrollo y   que además  trae consigo muchos males sociales y ambientales  asociados cuyo impacto en la sociedad y el ambiente dominicano  no se ha dimensionado.
Resulta curioso que justamente en el momento donde por primera vez se hacen grandes esfuerzos para dotar a nuestro país no solamente de un marco legal de planificación sino también de un Sistema de Planificación; en un momento cuando el país se prepara para participar el Foro mundial que realiza la ONU cada 20 años, Habitat III, y que plantea una nueva agenda urbana para tener ciudades sostenibles, un grupo empresarial plantee apoyar un proyecto que no cumpla las normativas, esto al margen de si se está tramitando los permisos, porque se está hablando de una cuestión de principios.
Esta misma asociación ahora reconsidera lo que dijo anteriormente en un ejemplo memorable del dicho de “ donde digo digo no digo digo si no que digo Diego” pero la verdad es que, como dicen popularmente: “se les vio el refajo”. No se puede seguir argumentando que las normativas deben cambiarse, violarse o simplemente ignorarse por qué determinado proyecto supone una inversión, rentable- of course-muy rentable, obviamente, que dará trabajo a no sé cuántas familias sin tomar en cuenta que fastidiará la vida a otro número de familias que tienen lo que se llama el “ derecho a la ciudad”.
 La ciudad supone oportunidades, entre ellas las oportunidades de negocios, pero sobre todas las cosas está ese derecho a vivir en una ciudad sostenible, ordenada, compacta y ambientalmente sensible. El derecho a los negocios de los grupos empresariales no puede darse a costillas del concepto del “buen vivir”, el sumak kawsay[1] como dicen los indios quechuas, que tienen todos y cada uno de los habitantes de la ciudad, incluyendo a los promotores e inversionistas que de seguro protestarían si en su hábitat se les quisiera imponer un uso inadecuado.
Creo que es prudente escuchar a los vecinos de este proyecto y es prudente también que el Ayuntamiento clarifique sus normativas y que una vez formuladas las cumpla. Creo todos tiene derecho a aprovechar las oportunidades que oferta la ciudad, pero respetando el derecho de los demás.
Lo que ha venido pasando en esta ciudad de Santo Domingo, como en otras ciudades dominicanas, es que se miden los proyectos con varas diferenciadas y eso no hace ciudad y si la hace es más una pesadilla de ciudad que una ciudad posible.
OR





[1] “La satisfacción de las necesidades, la consecución de una calidad de vida y muerte digna, el amar y ser amado, el florecimiento saludable de todos y todas, en paz y armonía con la naturaleza y la prolongación indefinida de las culturas humanas. El Buen Vivir supone tener tiempo libre para la contemplación y la emancipación, y que las libertades, oportunidades, capacidades y potencialidades reales de los individuos se amplíen y florezcan de modo que permitan lograr simultáneamente aquello que la sociedad, los territorios, las diversas identidades colectivas y cada uno -visto como un ser humano universal y particular a la vez- valora como objetivo de vida deseable (tanto material como subjetivamente y sin producir ningún tipo de dominación a un otro)”. Plan Nacional para el Buen Vivir 2009 – 2013.Ecuador.