miércoles, agosto 05, 2026

Santo Domingo 2026



 Santo Domingo 2026



Se dice que la ciudad de Santo Domingo se fundó en la margen oriental del rio Ozama el 5 de agosto de 1498. Unos dicen que su nombre es en homenaje al padre de los Colon, Domenico. Otros dicen que fue porque la fundación fue un día domingo. Consultando el dato con la ahora siempre presente Meta AI, me confirmó que ciertamente el 5 de agosto de ese año fue domingo y precisó, “en calendario juliano, que era el que se usaba en esa época. En calendario georgiano sería viernes”. Me parecio interesante la coincidencia, y de ahí podemos inferir que la ciudad de Santo Domingo tendría 528 años de existencia.

Después de 5 siglos y cuarto, más o menos, la ciudad de Santo Domingo aún respira y crece. Respira con dificultad y crece como un adolescente con las hormonas desbocadas.



Después de cuatro siglos amurallada y un siglo XX “problemático y febril” como canta Discepolo, la Ciudad del Ozama, ese bello nombre con el que la llama el maestro Pérez Montás en su maravilloso libro homónimo, no acaba de ser ordenada y en sus espacios, en la mayoría, se va colando el caos y la inseguridad y esto sucede a pesar de que en los últimos años se le ha dotado de leyes e instrumentos para su planificación, desde la ley de Ordenamiento Territorial y Usos se Suelo y la formulación de algunos de sus Planes Municipales de Ordenamiento Territorial ( recordemos que lo que conocemos como el Gran Santo Domingo esta compuesto, desde el 2001, por diferente municipios) hasta varios intentos de planes de movilidad, y no se ha podido lograr organizar correctamente sus espacios.

La pregunta sería, ¿por qué no se ha logrado ordenar el espacio metropolitano de Santo Domingo si se tienen las leyes y los instrumentos ? ¿De quién es la culpa?

Y la respuesta que me viene a la cabeza, sacada de contexto, es aquella de la obra de Lope de Vega, cuando preguntan a los pobladores de Fuenteovejuna:

“¿Quién mató al comendador ?

 ¡Fuenteovejuna, señor!”

OR



martes, agosto 04, 2026

Luis Rafael Tavarez LaFontaine

 Luis  Rafael Tavarez LaFontaine




Luis fue una persona que estuvo presente en mi vida desde la niñez, en correrías y aventuras infantiles, donde siempre demostró su lealtad y valentía. Estuvo presente, en las buenas y en las malas, y nunca permitió abusos o injusticias. Siempre estaba para defender a los suyos y a sus amigos.

De contextura  muy delgada , le decíamos Luis palito, para diferenciarlo del otro Luis del grupo de la Benigno. Siendo así de flaco siempre tuvo una fuerza que nos sorprendía, y no era sólo una fuerza fisica, sino tambien de carácter. Tengo una fotografía, que no encuentro, de Luis “guindando” de la cornisa en el techo de la pensión de doña Julia, un edificio de dos niveles, haciendo una de sus travesuras y les comparto una foto del grupo sentado en el “murito” donde Luis aparece, con cara de niño, al fondo.


Siendo adolescente comenzó a trabajar como técnico telefónico con Papá hasta llegar a ser un técnico muy competente y su asistente y mano derecha. Desde ese momento la presencia de Luis en la familia, su lealtad, fue continua y estaba para todos cuando se necesitaba.

Acompañó a Papá en todos sus viajes para montar los equipos telefónicos de las Empresas Telefónicas Dominicanas y luego fue un fiel acompañante de Mamá y mis hermanos Matiita y Marinito hasta el final y, hasta su partida, fue asistente de Amaury en el consultorio. Para mis hermanas Mercedes e Ileana, fue tambien ayuda y amistad y Pedrito, desde New York, lo quería como otro hermano.

Asi mismo era querido como otro de sus tíos por mis hijos y todos mis sobrinos. Simplemente se hacia querer. Conmigo estaba siempre que lo necesité. Fue quien me llevó a la clínica, acompañando a Martha mi esposa, cuando me intervinieron la cadera hace unos meses y se molestó porque un amigo me llevó a casa cuando me dieron de alta. Para la familia Desangles fue apoyo incondicional y continuo y siempre supo repartir sus lealtades entres sus amistades y familiares.  

Amante de los animales siempre tenia perros mas grandes que él mismo, algo que aprendió de Guaroa, a quien siempre recuerdo paseando con un gran danés que no se sabia quien llevaba a quien.

Siempre estuvo ahí cuando se le necesitaba, con su bigote y barba a lo Máximo Gómez y su sonrisa. Nunca lo oí quejándose y la única vez que me comento sobre su salud fue hace unos meses cuando me comentó que le había caído mal una comida que habia recalentado.

Cabeza dura, nunca dijo nada de sus malestares para no preocupar a nadie y siempre dio esa imagen de ser indestructible.

Y ahora se nos fue, y debe haberse sentido muy orgulloso de sus hijos, Rebeca y  Moisés, que se comportaron como lo que son: los hijos de Luis, amorosos, responsables y respetuosos.



Creo que cada uno de los del grupo de la Benigno del Castillo, ese pequeño tramo de calle, antes de llegar a la 30 de marzo, en San Carlos, entre la Mexico y la Francia, de los años de 1960 y 1970, tienen alguna anécdota con Luis que muestre su bonhomía y la servicialidad que lo caracterizaron.

Para mi, Luis está brillando, allá en su estrella, que es mi estrella poblada, acariciandose el bigote, orgulloso de sus hijos y complacido con sus amigos.

OR