martes, agosto 18, 2026

La cubanía en Broadway.

 La cubanía en Broadway.


 

El musical Buena Vista Social Club que se presenta en el Gerard Schoenfeld Theatre de Broadway es una excelente puesta en escena de lo que autores como Lezama Lima llamaron la cubanía, esa esencia de lo cubano expresada en este caso en la música y el baile.


Un grupo de versátiles músicos-actores escenifican, tocando y bailando, fragmentos de la vida de la gran Omara Portuondo en sus inicios y su relación con Ibrahim Ferrer, Compay Segundo, Eliades Ochoa y Rubén González y recogen la música del premiado álbum que hizo famoso al grupo.

Durante la presentación me venían a la memoria diferentes referentes, el primero de ellos, no sé por qué, fue aquella excelente película musical de principios de los años 60, West Side Story, con Nathalie Wood y Rita Moreno y su espectacular coreografía. Obviamente, recordé el propio álbum Buena Vista Social Club y la película. Me acordé mucho también del Zigala y su álbum Lágrimas Negras.


Y finalmente la increíblemente bien hecha película española de animación, Chico y Rita, de Fernando Trueba, con sus increíbles vistas de La Habana y New York en los años 40 y 50. Todas esas referencias se me mezclaron viendo el musical y pensaba que solo los caribeños podrían hacer algo así, con esa música que pone a vibrar los sentidos y viendo como se mueven los cuerpos en estas islas que se repiten.


Me recordé, además, del desaparecido maestro de la arquitectura cubana y fraternal amigo, Fernando Salinas, que expresara en su hacer el concepto de nuestra América de Marti y de José Antonio Choy Lopez, su discípulo, que lo ha convertido en arquitectura en obras como la del Hotel de Santiago de Cuba.


Y me asombro de cómo los cubanos han ido construyendo sobre todas sus diferencias y dificultades, desde Lezama a Benítez Rojo, el concepto de cubanía propuesto por el pensador cubano Fernando Ortiz; muy distinto a lo qué hacemos los dominicanos que solo identificamos lo negativo de nuestra historia y nuestra cultura, los que nos separa y que impide que podamos definir nuestra identidad como pueblo caribeño. Una actitud, que, desde los intelectuales y políticos hasta el pueblo llano, entiende que todo lo que viene de afuera es mejor que lo nuestro, a pesar de los poemas de Mir, la búsqueda de lo tropical en la arquitectura moderna de Guillermo González y de lo autóctono en la obra de Oscar Imbert,


Disfrutando de esta maravilloso musical pensaba reiteradamente que deberíamos poder construir el concepto de lo dominicano en todas las dimensiones y comenzar a valorar lo nuestro.

¿Seremos capaces?