martes, febrero 09, 2021

Doi Gautier. Mi Querido Profesor

Doi Gautier.

Mi querido Profesor



 

Lo conocí en la selección de materias en 1971. En ese momento era Director de la Escuela de Arquitectura de la UASD.

Esos procesos de selección de materias en la UASD eran maratónicos y me quejaba de que había ido muy tarde y no podría seleccionar los profesores que quería. Uno de esos profesores que me interesaba seleccionar era el Profesor Gautier, pero mis compañeros, que habían ido a seleccionar temprano, me habían advertido que la sección de Gautier estaba llena.

Cuando me toco mi turno me atendió el propio Gautier.

-Rancier- me dijo- Ya lo tengo seleccionado en mi sección.

Para mi sorpresa el Profesor Gautier- luego lo conocimos como Doi- había seleccionado para su curso de Composición I a los mejores alumnos del primer año (la materia de Composición, que hoy conocemos como Diseño Arquitectónico, se iniciaba en el segundo año de Arquitectura). Yo me había ganado un premio en la materia de Expresión I que había cursado con el pintor Leopoldo Pérez (Lepe) en la exposición de Arquitectura de trabajos de estudiantes de Arquitectura de la UASD, celebrada en los salones del antiguo Club Palestino-Libanes que quedaba al lado del desaparecido Teatro Independencia frente al Parque del mismo nombre.

La experiencia en ese primer curso con Gautier me marcó. Extremadamente puntual, cumplía con las cuatro horas que duraba el curso. Y a veces nos quedábamos mas tiempo ¡tan buenas eran sus clases!

El primer día nos esperó con una pila de revistas “Summa. Nueva Visión” una excelente publicación Argentina. Nos entregó una a cada estudiantes y al final de cada clase uno de nosotros debía explicar el tema de que trataba la revista que le había tocado.

Esa vez, en Composición, el proyecto que desarrollamos fue una escuela para el Batey 66 de Villa Altagracia. El día de la entrega final se me mojaron los planos, esos planos a tinta sobre papel vegetal que no quieren nada con el agua. Con los planos arrugados y dañados hice una crisis y decidí que no iba a entregar y que me cambiaría de carrera. Mi novia de entonces, Rosario Velasquez, tomó los planos y lo metió en una carpeta y me dijo que ella los entregaría. Al rato me llamaron mis compañeros, Wie Yin Chiang y Miguel Bacó para decirme que todos tenían los planos incompletos que fuera que el profesor me estaba esperando.

Cuando llegué fui el último que corregía Gautier. Me senté frente a su escritorio, donde tenia la carpeta con los planos dañados y hojeándolos, pero mirándome a mí y no a los planos,  me dijo:

Usted dizque no iba a entregar. Cuando pase eso hable siempre con el profesor. Yo conozco su trabajo.

Y sin más me puso un 90.

Aquella lección no la he olvidado nunca y demuestra la calidad de persona que era Doi. Sus clases eran verdaderas cátedras y nos ponía a trabajar en el taller continuamente lo que permitía que llegáramos a los finales con nuestros diseños resueltos.

Otra anécdota de esa época fue en una clase de Composición I. Era viernes y los últimos en corregir ese día fuimos Barinas y yo. El próximo lunes, lo primero que hizo Gautier fue llamarnos a Barinas y a mi y nos entregó unos esquemas con unas soluciones para nuestros diseños: El fin de semana estuve pensando en sus proyectos-nos dijo al entregarnos los esquemas- vean si les sirven para algo.

Barinas y yo nos miramos asombrados, ninguno de los dos habíamos hecho nada con nuestros proyectos y ¡el profesor sí! Otra lección que nunca olvidaré.

 

Tuve la dicha de dar después otra Composición con Gautier- no recuerdo si la V o la VI- donde experimentamos con el método de diseño lógico-matemático que había llevado a la escuela Eduardo Rozas, otro gran maestro desaparecido. Con Gautier exploramos una interesante mezcla entre el método lógico-matemático y el método de Tedeschi para diseñar la facultad y los laboratorios de Física de la universidad.



 Gautier fue esa figura que me guio hacia la arquitectura, siempre he pensado en él como Mi Profesor, aunque el nunca lo creyera. Quizás porque en aquel primer evento que realizáramos en Casa de Teatro en septiembre de 1981 con Nueva Arquitectura , “Arquitectura Contemporánea en la República Dominicana” para introducir un panel con Gautier,  Eugenio Pérez Montás, Bichara Khoury y el secretario General del Codia  en ese entonces Juan Diaz Paniagua, presentamos un manifiesto “Nuestra Voz: La Crítica de Arquitectura en Santo Domingo” en el que decíamos, entre otras cosas:

 “Creemos que una crítica sistemática redundaría en favor de una mejor arquitectura.

Creemos que la crítica no es patrimonio de la inteligencia anquilosada de algunos escogidos arquitectos.

Creemos que el usuario anónimo es también cri­tico y que, de sus observaciones, acertadas muchas veces, se pueden sacar conclusiones edificantes.”


Panel en Arquitectura Contemporánea. Aparecen de izquierda a dercha:
Omar Rancier, Eugenio Pérez Montás, Doi Gautier, Bichara Khoury  y Juan Díaz Paniagua. 1981.
Foto tomada de una artículo de Eugenio Pérez Montás donde reseñaba el evento publicado en El Caribe.



 Ese ese momento Gautier reaccionó enérgicamente porque no era de los anquilosados. Ninguno de los que participaron en el panel lo eran.

Doi fue un invitado frecuente a los eventos de Nuevarquitectura. Fue jurado de dos de las premiaciones de la Bienal de Arquitectura de Santo Domingo, incluyendo la primera. Y siempre estuvo presente para Emilio y para mi.

 Formado en Italia, es del grupo que Plácido Piña nombrara el "Eje Italia", juntamente con Rafael Calventi y Víctor Bisonó, que influenciara positivamente en la conformación de la escuela de arquitectura de la UASD.

Como arquitecto tiene una obra robusta y consistente producida en colaboración con Erwin Cott, como el conjunto de la Shell en la Máximo Gómez, y la capilla del Orfanato en la Av. Independencia y unas de las mejores propuestas para el concurso de la Catedral de la Vega, que presentara en asociación con Eduardo Rozas.

Luego que comenzara a publicar sus novelas y después de obtener varios reconocimientos como escritor, llegó a decirme que le molestaba que no lo hubiesen reconocido igualmente como arquitecto.

En la docencia dejó una huella imperecedera como profesor que fuera de la UASD, de la UNPHU y de la PUCAMAIMA y como director de la Escuela de Arquitectura de la UASD.

Fundador del Comité Dominicano del Comité Internacional de Monumentos y Sitios, fue el conservador del conjunto de Las Mercedes, que bautizara con el nombre de MerceDom.

Escritor reconocido, escribió no solo sus novelas sino algunos textos muy importante sobre arquitectura entre ellos la deliciosa obra “El Encanto de la Arquitectura. Papeles sobre restauración de monumentos y otros temas ”. Fue además editor de los temas de restauración en la revista Arquitexto, donde publicara muchas de sus reflexiones.

Fue un gran hombre, un excelente profesor y un escritor notable.

´

Doi Gautier y René Alfonso en octubre del 2020, en el taller de la Caonabo. Foto cedida por Luis Guzmán. 


Me agradó mucho poder grabar hace unos año un mensaje para su cumpleaños 83, creo, que organizaba Rene Alfonso, uno de sus grandes y agradecidos alumnos y antes de la pandemia participé del merecido reconocimiento que le hiciera la Sociedad de Arquitectos de la República Dominicana.


Omar Rancier, Sonya Pérez , el Profesor Gautier y Carlos Baez, la noche en que la SARD reconoció al Profesor Gautier. Foto cedida por José Rafael Sosa. 


Cuando supe de su partida, hoy, sentí que la emoción se me agarrotaba en la garganta y en los ojos. ¡Mi Profesor! solo atiné a pensar.

 ¡Se me  quedan muchas cosas que decir de Manuel Salvador Gautier Castellón -Doi-Mi Profesor!, pero el sentimiento es demasiado para seguir escribiendo.

OR. 

 

 

 

martes, noviembre 03, 2020

3 de noviembre y un artículo vintage.

 




3 de noviembre y un artículo vintage.

 

Hace 32 años, el 2 de noviembre de 1988, el Dr. Joaquín Balaguer, en esa época Presidente de la República, emite el decreto 503-88. Dicho decreto tiene dos notas previas,  un considerando y una vista:

“ Visto Que el día 3 de noviembre de 1900 nació en esta ciudad el arquitecto Guillermo González Sánchez, considerado el padre de la arquitectura moderna dominicana y forjador de los lineamientos estéticos de la arquitectura contemporánea de nuestro país,

Vista la solicitud elevada al Poder Ejecutivo por el Grupo Nueva Arquitectura, fundado el 3 de mayo de 1979”… y ahí se forjó la historia.

Por gestiones hechas por el GNA, con Emilio a la cabeza, ante el Arq. Rafael Tomás Hernández se logra que por primera vez se reconozca, de manera oficial a los arquitectos dominicanos con un decreto presidencial.

El Grupo Nueva Arquitectura logró lo que ninguna organización había hecho, y lo hizo en honor a Guillermo González. Fue uno de los grandes aportes del GNA

OR.


Vintage.

Hace algunos días me llamo Cuquito Moré para que revisara unas propuestas de periodización de los arquitectos dominicanos. Esa llamada de Cuquito recordó un artículo que publicara en la revista CODIA 68 de junio agosto de 1986 siendo editor Hamlet Hermann que titulé “Tres generaciones en la Arquitectura de República  Dominicana”. La portada del la revista reproducía una hermosa foto de un proyecto turístico en Puerto Plata de Cristóbal Valdéz y Marcelo Alburquerque, creo que aun le debo esa foto a Marcelo y a Toby, pero Hamlet nunca me la devolvió.

La fecha de la edición de la revista, junio-agosto de 1986, fue más o menos por la época en que el Grupo Nueva Arquitectura logra que se declarara el 3 de noviembre,  fecha de nacimiento de Guillermo González, como el Día de la Arquitectura Dominicana mediante el decreto 503-88, del 2 de noviembre de 1988, firmado por el entonces Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer.

Aquellos fueron días de reflexiones, descubrimientos y luchas. La época cuando los arquitectos dijimos NO, a la práctica de que los ingenieros firmaran los planos arquitectónicos a través de la histórica “Carta de la Gran Muralla”  firmada por casi todos los arquitectos de la época y que lleva el nombre del restaurante chino donde se realiza la asamblea de arquitectos que produjo el documento porque en el CODIA se nos prohibió hacer la asamblea ( Jose Enrique me preguntaba en estos días por aquella jornada).

Era una época donde se construía el ethos de la arquitectura dominicana y los arquitectos producían obras a partir de ideas , conceptos e ideologías, no a partir de imágenes corporativas, como sucede ahora. Siempre he dicho que la arquitectura dominica contemporánea presenta un crecimiento como oficio, se ha profesionalizado, de eso no caben dudas, pero, para mi, se ha vaciado de contenido. El homenaje a la forma, acompañado de los  rendering y las foto perspectivas,  dominan la practica. Esto ultimo siempre me recuerda “la muletilla del dibujo bonito"  una de las “7 muletillas de la arquitectura moderna” la famosa conferencia que diera en 1954 Philip Johnson a los estudiantes de arquitectura de Harvard.

Espero que puedan disfrutar de su lectura- como yo hice- y puedan situarse en ese momento de la arquitectura dominicana. 

El articulo, que reproduzco tal como fue publicado en la revista CODIA 68, tiene algunas imprecisiones y errores, pero fue un esfuerzo por tratar de entender que ocurría en la arquitectura moderna en los años 80.

 OR


Tres Generaciones en la Arquitectura de República Dominicana

Arq. Omar Rancier.

 Dentro del recorrido corto e inconsistente de la Arquitectura Moderna en el país esto es a partir de 1937 a la fecha, podemos distinguir tres (3) generaciones de Arquitectura más o menos definidas, atendiendo como “generación” a una coincidencia dentro del diseño de acuerdo a un lógico desarrollo histórico y a consistencia o inconsistencia, de los arquitectos y no a consideraciones de edad o promoción académica.

Si observamos el cuerpo significativo de nuestra producción arquitectónica reconociendo que esto implica una elección ideológica por aquello de que solo nos referimos a la Arquitectura del poder encontraremos claras diferencias entre uno y otro periodo: diferencias que definen las características de cada generación.

Recientemente el arquitecto Gautier esbozaba un planteamiento similar refiriéndose exclusivamente a la Arquitectura Racional en el país a la que dividía tres periodos de acuerdo al desarrollo clásico de los estilos arquitectónicos, o sea que dividía el racionalismo en el país en una etapa purista, una etapa manierista y, finalmente, en una etapa barroca.

El planteamiento que trataremos de desarrollar abarca lo que podría considerarse la totalidad de la Arquitectura Moderna de República Dominicana incluyendo las últimas tendencias que podrían concretizarse, posteriormente, en un estilo.



Los Precursores

Antes de entrar a analizar las tres generaciones que planteamos queremos mencionar someramente, aquel grupo de arquitectos que abrieron la brecha a la Arquitectura Moderna en el país, el grupo que modeló el sistema formal que sirvió de base al desarrollo posterior de nuestra Arquitectura.

El grupo de los precursores

Este grupo estuvo formado entre otros por Mario Lluberes y Trenen Pérez, quienes desarrollaron una serie de viviendas en un estilo neo-hispánico que se sindica a una reacción formal-arquitectónica contra la invasión del 16.

Henry Gazón, ideólogo de la arquitectura de la “Era de Trujillo” admirador de la arquitectura de las dictaduras europeas de los años 30. Y sobre todo Humberto Ruiz Castillo, formado en Europa, quien además de un impresionante cuerpo de obras en un acabado estilo Art. Deco y Liberty, influyó directamente en la enseñanza de la Arquitectura.

El grupo de los precursores que se puede ampliar con Guido D’Alessandro, y el Ing. Ramón Trueba, dejó  en la ciudad de Santo Domingo, además de las obras de los precursores del moderno, un grupo de diseños que se han calificado como “bizarros” por algunos y como casas de muñecas por nosotros.



 

 La primera generación

La primera Generación que planteamos, es la formada por ese grupo de arquitectos que implementaron el cambio de la estética predominante en los años 30, neoclasismo, deco por un planteamiento sustancialmente nuevo, efectivamente moderno. Son los pioneros del Movimiento Moderno Estilo Internacional en el país. Arquitectos que desarrollaron durante los inicios de la dictadura; situación que limitó en parte el desarrollo de una arquitectura racional integral, pero que al mismo tiempo permitió la construcción de un ‘’robusto cuerpo de edificaciones teniendo como cliente al Estado Dominicano”, según un artículo de Gustavo Moré, quien más adelante en ese mismo trabajo, se cuestiona hasta qué punto la Arquitectura desarrollada por estos hombres se relaciona con el poder político de la dictadura, para concluir diciendo que ” Se podría afirmar la existencia de una intención consciente que perseguía por medio del uso determinados recursos arquitectónicos, repetidos ad infinitum en muchas obras oficiales, la exaltación y la demostración elocuentes de un vigoroso dominio político”. Esta afirmación no exenta de algunos señalamientos eufemísticos es obvia; para nosotros sin ninguna duda los pioneros le proporcionaron una imagen formal al régimen trujillista a través de la arquitectura de acuerdo a cuestiones no simplemente estilísticas sino a las conveniencias políticas del tirano.

Esta situación de sumisión a los lineamientos ideológicos del régimen realmente difíciles de eludir, produce otra de las características de esta primera generación su inconsistencia formal, evidenciaba en el paso corrido de un refinado moderno, a los Bauhaus de Gropius, a un pesado neoclásico, como es el caso de José A. Caró, quien luego de diseñar el edificio de Medicina de la entonces Universidad de Santo Domingo, diseña el edificio que aloja la Secretaría de Educación. Dentro de esta generación se destacan además de Caró quien fue promotor de las artes en el país y uno de los arquitectos que más contribuye a formar el ‘’corpus’ de la arquitectura de la Era de Trujillo, los hermanos Marcial y Leo Pou, protagonistas, conjuntamente con Guillermo González, del cambio de la estética vertical a la horizontal en el país y sobre todos ellos brilla la figura de Guillermo González verdadero padre de la Arquitectura Moderna Dominicana. González  desde 1937, cuando finaliza el parque infantil Ranfis, da muestra de su talento prodigioso, diseñando el grupo de obras más relevantes de la Arquitectura Moderna Dominicana; el Hotel Jaragua el ‘’Jaraguita’’, el edificio Copello y el conjunto monumental de la ‘’Feria de La Paz’’ donde se destaca el edificio del Palacio Municipal, obras casi todas, intervenidas y mutiladas sin criterio y que constituyen un gran legado para nuestra arquitectura. Para nosotros la arquitectura de González también se alinea de una u otra forma, a la ideología dominante, y aunque se ha planteado que el tirano usó la  arquitectura de González para proyectar una imagen de modernidad y progreso al exterior, lo cierto es que las características formales de la obra del pionero, especialmente en la “Feria” responden claramente a una especie de ‘’fascismo arquitectónico’’ muy a tono con el régimen.

González también presenta, aunque a una escala menor, una versatilidad estilística que podría leerse como inconsistencia formal cuando en la década de los ’50 proyecta las incidencias de las familias Barletta y Vicini, en un lenguaje neo-hispánico, muy similar a las viviendas realizadas por Mario LLuberes en las décadas del ’20, y posteriormente, al final de sus existencia, en lo que podríamos considerar como un adelanto de las tendencias actuales, diseña, en sociedad con William Reid, el Bank Of América de la calle El Conde, con un criterio muy contextualista.

En rasgos generales la arquitectura de la primera generación presenta, a nuestro entender, las siguientes características:

Utilización de los conceptos de racionalidad y funcionalismo.

Imagen Cubica

Monumentalismo académico

Sumisión ideológica

E inconsistencia formal

 

Segunda Generación

 La segunda generación la forman un grupo de arquitectos diplomados en el exterior fundamentalmente, Rafael Calventi, Doi Gautier, Erwin Cott, Víctor Bisonó llamados el ‘’Eje Italia’’ por Placido Piña y otro grupo de formación local, que representan una transición entre la primera y la segunda generación, como lo son Gai Vega y William Reid. La importancia del Eje Italia es doble por cuanto irrumpe en el panorama docente de nuestra Escuela de Arquitectura, modificando sustancialmente el plan de estudios.



 Por su parte William Reid y Gai Vega conforman, conjuntamente con Teófilo Carbonell, Manolito Baquero y Espaillat Nanita, un grupo que representa la liberación a cualquier compromiso político estatal, y constituyen la transición arquitectónica de un estado de cosas político a otro diferente. Reid y Vega desarrollan una serie de diseños dentro de los postulados del moderno norteamericano (Neutra, Mies en sus años de Chicago, etc.) sin un aparente compromiso político.

 La segunda generación desarrolla el grueso de su trabajo dentro de la continuación histórica de trujillismo: régimen de los doce años de Balaguer. Sin embargo la formación intelectual del gobernante le hace incluir que las arquitecturas de su régimen, constitucional , aparentemente democrático, debía diferenciarse de la de Trujillo; y así los arquitectos que construyen, y diseñan el cuerpo de obra de la mini-era de Balaguer no sufren de la sumisión político-formal que evidenció la primera generación, pero aún así de sus obras se desprende una significación ideológica similar a la trujillista, producto en algunos casos nos aventuramos a sugerir, de la intromisión directa del gobernante en algunas tomas de decisiones de diseño. El caso del Huacal es alto elocuente en ese sentido, ya que a propuesta inicial de Borrell que contemplaba la incidencia de dos torres similares a la construida pero de menor altura, fue destinada por Balaguer  quien sugirió el proyecto de una torre.

 Estilísticamente la arquitectura de la segunda generación: presenta una mayor libertad compositiva y cae en algunos casos, en el Barroco Modernista o Racionalista de que habla Gautier pasando también por la fase minierista; no obstante nos gustaría calificar, etiquetar, dirían algunos esta generación como Tardomoderna, atendiendo a la clasificación del Norteamericano Charles Jencks.

 El formalismo externo, el juego libre de volúmenes, el estructuralismo y la pirotecnia arquitectónica definen este periodo. La exageración de los códigos modernos y la alusión humorística no intencionada aparecen en nuestra arquitectura.

 Rafael Calventi, formado en Europa, desarrolla una arquitectura que fue en principio corbusiana, pero que fue cambiando a una fórmula más rica, más compleja. Sus proyectos del elegante conjunto del Banco Central y el Palacio de los Deportes de Santiago, así como su diseño para el concurso del hipódromo, plantean una búsqueda a través del estructuralismo y el formalismo. En  una conversación sostenida con el Arq. Calventi en el ’81 con motivo de invitarle a participar en la exposición que acompañó el evento ‘’Arquitectura Contemporánea en la República Dominicana’’, este nos decía, refiriéndose al Palacio de los Deportes de Santiago  “La concepción de este diseño es matemática rigurosamente (…) la misma nace de una reunión con los ingenieros estructurales quienes nos dieron la pauta a utilizar una estructura colgante para el proyecto por razones económicas’’. Asimismo su auditorio para el Banco Central hace gala de una solución estructural novedosa. Obviamente que las demandas especiales de estos diseños requerían de un ‘’perfil’’ estructural, sin embargo existe en ambos diseños una marcada intención de utilizar la estructura como dominante del diseño.

 Algo similar sucede con la arquitectura de Cott y Gautier, quienes desarrollaron una serie de estructuras laminares a lo Félix Candela, como son la Iglesia del Orfanato de la Ave. Independencia KM, 9 y el conjunto Sheli-Conalco; el estructuralismo formalista y el neo-brutalismo  dominan esta arquitectura de Cott y Gautier. Posteriormente y en proyectos separados, para el concurso de la Catedral de La Vega, al cual Gautier asiste en sociedad con Eduardo Rozas, el partido estructural define los dos proyectos, el de Cott y el de Gautier. El proyecto que se construye en la actualidad, diseñado por Cott, se ubica dentro de ese estructuralismo formal. Proyecto de mucha fuerza expresiva que nos aparece que rompe con el entorno, con la historia y con la escala de La Vega.

 Dentro de esta generación, tenemos por otro lado, la retórica manerista de Eduardo Selman que produce edificios codificados involuntariamente en un sentido ambiguamente metafórico. Los edificios de Tele-Antillas y Galerías Comerciales llaman la atención por el tratamiento cromático y por las referencias a Marcel Breuer y a Le Corbusier.

 Como ejemplos de la exageración de los códigos del moderno y del ‘humor no intencionado’, como diría Jencks, de la segunda generación, tenemos los llamados ‘’Bancos de la 27” , el BHD, de Piña, La APAP de Reid, el de Goico y muy particularmente el edificio del Royal Bank of Canadá, con su cascada de H.A. que muchas personas interpretan como unas graderías enormes.

 Esta segunda generación la podemos sintetizar en las siguientes características:

 

Expresionismo estructural

Formalismo extremo

Libertad compositiva

 

La Tercera Generación

 Queremos llamarla la generación posmoderna, porque aceptamos plenamente el término entendido como método de organizar el estudio de la historia arquitectónica y por acepción del término moderno por parte de todos nosotros sin detenernos a pensar que el término moderno es un término renacentista.

 La tercera generación está definida por una ‘’nueva actitud’’ ante el diseño. Rastreando los orígenes de esta concepción en el país hemos de coincidir con los planteamientos de E. Brea y Gustavo Moré, emitidos en una conversación informal y por Teódulo Blanchard en este mismo evento, en el sentido que los trabajos de restauros y los arquitectos restauradores, que a su vez son docentes, han influido en la reevaluación de la historia como referencia del diseño. Esta nueva actitud parte de una formación académica moderna y rompe con los criterios exclusivistas de la misma, incluyendo aspectos históricos, vernáculos y populares.


 
Podríamos considerar esta tercera generación como enfrascada en una búsqueda de nuestra identidad arquitectónica a través de modelos históricos, algunas veces extraños a nuestra cultura y otras veces efectivamente nuestros.

 Una de las características negativa de este periodo ha sido la marcada dependencia a los modelos de ‘’magazines’’, donde han jugado un papel importante el enorme desarrollo sufrido en los medios de comunicación de dependencia cultural a la metrópoli que nos hace actuar como epígonos. Entre los arquitectos que forman esta generación se destacan, entre otros Plácido Piña, Miguel Vila, Marcelo Alburquerque y Cristóbal Valdez. Miguel Vila se ha venido inspirando en nuestra condición de trópico-isla de acuerdo a sus propias palabras y plantea una aproximación a nuestra arquitectura popular y vernácula utilizando elementos formales y espaciales de las mismas. Su filosofía de diseño podría definirlas esta declaración: “desde el más humildes bohío de una remota región encontramos colores, formas, materiales, entornos y patrones de agrupamientos propios. En las más sofisticadas edificaciones, a veces la más lejana a nuestra realidad, encontramos elementos en común a nuestro pueblo. La adopción de los diferentes estilos históricos, siempre apropiados a nuestra mano de obra, clima y patrones conductuales hacen que nuestra vivienda sea  “nuestra”. Pocas no cuentan con la ventilación natural como criterio dominante en su creación. La ventilación natural casi siempre nos permite una compenetración ‘’ interior-exterior’’. Vila ha sido protagonista, en otro ámbito, junto a Pedro Alfonso, de una renovación en la enseñanza de la arquitectura en la UNPHU, de acuerdo con el trabajo presentado por Gautier en ese evento.

 Los trabajos de diseño de Vila se reconocen por un toque inconfundible, Tropical Cromático, luminoso. Ha, junto a otros arquitectos de esta época, revalorizado el muro como elemento de diseño y ha dado origen a una ‘’manía’’ por los cantos curvos. Quizás esa identificación de diseño (consistencia formal, diríamos crea uno de los puntos a reforzar en arquitectura. Un amigo editor, que no tiene que ver con arquitectura, nos señalaba que lo malo ‘’de Vila es que se repite mucho’’.

 Por su parte Plácido Piña presenta un desarrollo coherente en su trabajo. De una etapa transicional, tanto moderna, de fuerte connotación neo-racionalista (proyectos BHD) pasa a una búsqueda de una arquitectura más tendible al usuario, a través del uso de la memoria colectiva y el entorno histórico, repleta de un fino he irónico sentido del humor, y de guiños subrepticios a los arquitectos modernos. El proyecto del edículo es un buen ejemplo de esto, el humor queda descripto por Plácido y Harry Carbonell, su socio en el trabajo publicado en la hoja 34 de Arquitectura, cuando dicen (al edículo)” se entra por detrás (en realidad el frente de la vía)… se sale por el frente (en realidad parte de atrás)”. Por otro lado el diseño está repleto de alusiones solamente descifrables por los arquitectos, las referencias a Moore y Graves seguramente no son captadas por los dueños. Su propia casa, (De Piña) que es una especie de remodelación, hace referencia, en el portal, a Charles Moore (esta vez es más entendible, pues es su casa uno de los arquitectos preferidos de Plácido.

 Los criterios de Piña descansan sobre una idea de Dominicanidad-Universal que el mismo califica como discutible, y en una erudición (intelectualización gusta decir) respaldada por un nivel de información impresionante. Estas alusiones directas a arquitectos tan usada por Plácido, pasa desapercibida a muchas personas al no seguir la lectura de sus diseños con el nivel de información adecuada. Quizás esto sea lo que moleste a algunas personas que consideran herejías los diseños como el del concurso para la Central de Créditos uno de los ‘’proyectos no realizados’’ que más influencia ha tenido sobre los estudiantes de arquitectura.

 No obstante nos parece que Piña debiera tratar de desarrollar sus propios esquemas haciendo referencia a lo relevantemente local, ya que las ‘’referencias’’ formales usadas hasta ahora podrían considerarse como un indicio de ‘’dependencia’’ formal.

 De ‘’Arquitectura de referencia’’ califican por su parte, Marcelo Alburquerque y Tobi Valdez, su trabajo de diseño. En una carta enviada a Hoja de Arquitectura en respuesta a un articulo de Emilio Brea, Tobi aclara: ‘’no hemos pretendido ser posmodernistas, sino que hemos tratado de hacer lo que para nosotros es una ‘’ Arquitectura de Referencia’’.

Concepto que se basa, según sus autores, en un pormenorizado estudio del entorno. En los proyectos expuestos en ‘’Arquitectura 83’’, Tobi y Marcelo, dieron muestra de un gran humor y de un buen dominio posmodernista.

 Su proyecto de ‘’El Convento’’ o plaza Galván en un repertorio formal de la arquitectura de Gazcue y es uno de los primeros complejos de apartamentos posmodernistas de la ciudad, aunque el criterio posmoderno solo es aplicado cosméticamente; como en casi todos los proyectos de esa tendencia en el país.

 Una de las características de los arquitectos posmodernos es negar su vinculación al movimiento, aunque en una comparecencia televisada los arquitectos Miguel Vila, Eduardo Lora, Gustavo Moré y Marcelo Alburquerque, aceptaron tácitamente la etiqueta.

 Esta tercera generación, o generación posmoderna se caracteriza en síntesis por:

 

La búsqueda de nuestra identidad a través de modelos Histórico.

Utilización de Supe códigos.

Conceptualización del Diseño.

Y negación de su condición Posmoderna.


La Arquitectura popular y las generaciones de nuestra arquitectura:

 La vinculación de la arquitectura formal con la arquitectura informal o popular es potente. Los arquitectos populares copian e interpretan los patrones formales de la arquitectura del poder en un afán de reflejar una condición económica diferente a la que sufren.

 Asi las cosas la Arquitectura Popular responde, de una manera u otra a las directrices formales de la arquitectura academica y cabe señalar el empobrecimiento hasta llegar a un cretinismo en la actualidad de la arquitectura popular.

 La arquitectura popular que asimiló los diseños del Victoriano, del Deco, del Neo-clásico, presenta una riqueza formal extraordinaria, con un uso a la discreción de una mano de obra con cualidades artesanales. Sin embargo con la llegada del racionalismo (arquitectónico y económico), la imagen cúbica, la sencillez de forma, el simplismo influye en la arquitectura popular, de un, a manera negativa. Se pierde la riqueza formal del trabajo artesanal de la arquitectura predominante de los cajones prismáticos, realizados funcionalmente (un palabra que entró definitivamente a nuestro léxico a través de la Arquitectura Moderna) y empobreciéndola a un extremo increíble.

 Solo se mantiene en esta arquitectura el cromatismo, que pretende encubrir la fealdad de la ‘’Arquitectura Moderna” Popular.

 

A modo de conclusión

 A modo de conclusión queremos expresar la complejidad y madurez de nuestra arquitectura, equiparable a cualquier otro país y actualmente, y a pesar de la condición insular, en cuanto aislamiento, a la par por primera vez con lo que esta ocurriendo en el exterior. Recordemos que el moderno nos llegó con 20 años de atraso. El desarrollo de nuestra arquitectura diferenciable por etapas, nos muestra algo realmente importante, la cada día mayor importancia que adquiere la arquitectura en nuestra sociedad, importancia que la reivindica del anonimato pasado. Las últimas exposiciones nos muestran fielmente esta realidad. Nuestra arquitectura ha madurado, se ha conceptualizado y nuestra crítica arquitectónica despunta vigorosa.

 Los arquitectos Dominicanos han presentado un paulatino y aconsejable desarrollo histórico en el diseño y aunque no hemos agotado los modelos estilísticos que hemos desarrollados nos queda una versatilidad proyectual.

Finalmente es notable que la arquitectura se empiece a entender como un lenguaje con connotaciones ideológicas, políticas y sociales.

Quizás uno de los mayores logros de nuestro desarrollo histórico arquitectónico ha sido la sensibilidad social y la necesidad de conceptualización, que han alcanzado nuestros profesionales.

Publicado en la Revista CODIA 68, junio-agosto 1986