Entre torres te veas.
Los sectores de renta media y alta de la ciudad de Santo Domingo están cambiando rápidamente su perfil urbano. Los edificios en altura han ido colonizando un territorio que hace 20 años era de baja densidad y alojaba casas aisladas y edificios de apartamentos de poca altura.
De mano de un desarrollo inmobiliario donde dominan los promotores comerciales que buscan el mayor beneficio a cualquier costo, ese territorio, que puede ser Naco, Gascue o el Ensanche Ozama, por mencionar algunos sectores afectados, han ido perdiendo su característica íntima que suponía la existencia de viviendas de pocas familias.
Este fenómeno puede ser atribuido al aumento de la población o la mejora económica del país tiene sus raíces urbanas en la falta de supervisión de las normativas existentes y en un modelo de ciudad que confunde el desarrollismo propio del american way of live con el desarrollo urbano concertado.
Para muchos desarrolladores las torres representan el progeso aun por encima de la calidad de vida y de alguna forma le han traspasado esa idea a las autoridades municipales que promueven y aprueban, a pesar de las normativas, reglamentos y leyes, ese modelo de ciudad hiperdensa que no debe confundirse con la ciudad compacta, donde la densidad se justifica por la existencia de servicios de cercanía.
Para una sociedad enredada en el espacio virtual es más atractivo un perfil urbano-skyline nos gusta decir- de edificios altos que un buen espacio público. Esto a pesar del impacto ambiental, la falta de parques urbanos y el congestionamiento vehicular.
Es una realidad que la ciudad debe seguir desarrollandose, pero, como dice Andres Duany, uno de los ideólogos del llamado Nuevo Urbanismo, debe desarrollarse inteligentemente, pues el desarrollo salvaje, para llamarle como su actual émulo, el capitalismo, sólo lleva al desorden y al caos,
Asi vemos que se aprueban proyectos híper densos con una ocupación de suelo altísima que no aportan nada a la ciudad y que se vende como un sueño. Pero no solo se aprueban esos proyectos si no que luego construyen otra cosa. En una zona de altura regulada en 9 niveles, por ejemplo, se aprueba un proyecto de 18 niveles y los promotores comienzan a construir un edificio de 30 niveles. (Caso real)
Si seguimos de esta manera estaremos sembrando alturas sin sentido ni sensibilidad por la ciudad. No estamos contra los edificios en altura, ni contra la densidad sostenible de la ciudad compacta, pero es necesario establecer normas que establezcan densidades sostenibles y que las mismas sean respetadas por todos los actores. Sólo así lograremos ese crecimiento inteligente que satisfaga los intereses de los habitantes y de los mismos desarrolladores. La otra opción es el sálvese quien pueda y que entre torres nos veamos.
OR







