miércoles, julio 22, 2015

Una Pregunta al Ing. Ricart

               


El Ing Ricart Nouel ha publicado , en espacio pagado, extrañamente , su posición, por demás válida que concluye con el apoyo a los profesionales en Turismo que otorgaron este concurso, pues "estructuralmente lo encuentro sano."
El Ing. Ricart plantea que la cubierta de las ruinas es "imprescindible" porque los muros nunca fueron diseñados para trabajar sueltos  y lo que plantea , debemos reconocerlo, es técnicamente, UNA  de las maneras de intervenir las Ruinas, y no la única, como deja entrever el calificativo de "imprescindible" que le otorga a la solución de marras.
Lo que se debate, además, no es el uso o no de materiales modernos, que ha constituido un debate continuo en el área de la restauración expresado sobre todo en cómo implementar la técnica de reconstrucción por anastilosis, o sea utilizando las piezas originales caídas o similares utilizando siempre el mismo material original o con materiales modernos que se dejen a la vista para que se perciba que es original y que es reconstruido, lo que se debate es el concepto mas profundo de COMO intervenir las ruinas: masivamente reconstruyendo e interpretando los espacios originales, o siendo mas sensible con el monumento mismo, consolidando con los métodos modernos no invasivos  existentes y disponiendo de estructuras metálicas desmontables como dice claramente el documento original de los términos de referencia del 2000 que se presentara, en la reunión del MITUR,  como referente para redactar los nuevos términos de referencia, que obviamente, como demostrara el Arq. Federico Abreu en la Mesa Redonda celebrada en la UNPHU, no se cumplieron.
La pregunta al Ing. Ricart sería si el considera que techar en hormigón armado y montar toda una nueva estructura sobre las ruinas , haciéndolas desaparecer, es la ÚNICA, manera de consolidarlas.
En tal sentido le referimos al estudio realizado por los profesores  Santiago Huerta, de la Universidad Politécnica de Madrid y Gema Lopez Manzanero, de la Universidad de Alcalá de Henares sobre la Estabilidad y consolidación de las ruinas de Panamá Viejo, (pueden ver el documento aquí),
donde proponen procedimientos de consolidación del convento de las Monjas, en Panamá, más o menos de igual dimensión y condiciones de ruinas de las del Monasterio de San Francisco, en base a la utilización de técnicas tradicionales(ver pag. 95 y siguientes).
Axonometrica del Convento de las Monjas. Panamá. Tomado de :Informe sobre la estabilidad y consolidación de las ruinas de Panamá Viejo, Panamá. Santiago Huerta Fernández y Gema López Manzanares.
Lo que demuestra que los diferentes métodos de consolidación constituyen opciones a partir de una posición conceptual y que ninguna es imprescindible.
 Técnicamente resulta muy cuesta arriba defender como única o imprescindible  la manera de intervención de la propuesta ganadora; lo que es imprescindible es consolidar las ruinas de la mejor y más sensible manera y no cubrirla con hormigón.Esto nos demuestra además que en discusiones tan importantes los sofismas sobran.
OR

sábado, julio 11, 2015

A Emilio, con amoroso dolor...



A Emilio, con amoroso dolor...

Hoy, hace un año, levantó la muerte el vuelo y se llevó a mi amigo, se llevó a Emilio, simplemente.
Así, desde hace un año, de manera imperceptible pero cotidiana, he padecido de la enorme presencia de su ausencia.
Extraño su encantadora, y a veces insufrible manera de ser cuestionador, su insomne adición a las efemérides, su erudición  desbordada, su hedonismo desenfadado, su transparencia y su verticalidad ideológica, su honestidad enarbolada aun cuando le hiciera daño.
Extraño esa llamada a la hora más inesperada para proponer un idea, su disposición a ser ese amigo con el que siempre se puede contar.
Hace falta su voz, que tantas veces clamó en este desierto ingrato que nos ha tocado vivir. Hoy más que nunca su voz es necesaria cuando los desatinos asedian a su segunda ciudad , Santo Domingo - su primera ciudad fue siempre San Francisco de Macorís, por la cual desarrolló una especie de chauvinismo endémico que enarbolaba con orgullo.
Con Emilio pude construir un sueño que de alguna manera se impuso, que está ahí y aunque algunos mezquinos no quieran aceptarlo, Emilio José Brea García, el hijo de la Viuda, el hermano de Teresa y el orgulloso padre de André, el amigo de Jose Enrique y compañero de escritura de Víctor, mi hermano del alma y mi amigo, es y será un referente importante en el horizonte de la Arquitectura Dominicana.
Escribo con un nudo en la garganta - soy un llorón, lo mismo que era Emilio- y lo hago porque me hace falta, nos hace falta.
Extrañamos su encantador desencanto, su mordaz crítica; su lucidez a veces oscura y su humor a veces triste pero siempre oportuno.
Hoy, hace un año, y de nuevo acudo al poeta de Orihuela:

"Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada"

Miguel Hernández.
Elegía a Manuel Sijé  

OR.

domingo, junio 28, 2015

Presentacion Crìtica de la Historia Crìtica de la Ciudad de SantoDomingo



El libro puede adquirirse por RD$ 800.00 en la Facultad de Arquitectura y Artes de la UNPHU. ( todas las fotos son cortesía del Departamento de Relaciones Públicas de la UNPHU. Las graficas fueron tomadas del libro Historia Critica de la Ciudad de Santo Domingo.)

Una presentación crítica de La Historia Crítica de la Ciudad de Santo Domingo
Omar Rancier
Decano de la Facultad de Arquitectura y Artes
UNPHU

La ciudad de Santo Domingo, la primera ciudad de modelo europeo en el Nuevo Mundo, es mas que una ciudad, una historia; una historia que sigue escribiéndose cotidianamente, tejiendo su urdimbre cada vez más compleja y complicada. Y como toda historia, ha tenido sus historiadores, sus cronistas, el último de los Cronistas de Indias, he dicho en más de una ocasión, es el querido amigo y admirado profesor, humanista y consejero Arq. Eugenio Pérez Montás , quien nos ha enseñado que la historia está hecha de retazos de sueños que se entremezclan con destellos de realidad.
Aquí asistimos a la epifanía de un nuevo Cronista: el Cronista Crítico, aquel que trata de profundizar las causas de los hechos desde una epistemología diferente que podríamos calificar de dialéctica e ideológica.

El texto está estructurado en tres grandes bloques, con prólogo, introducción y epílogo.
Un primer bloque, Santo Domingo en el siglo XVI, que trata de los años iniciales de la ciudad y el desmontaje del mito de la Ciudad de Ovando. Un segundo bloque, Santo Domingo siglos XVII-XIX, donde se plantea la ciudad detenida y la ciudad en la era del azúcar y la prosperidad y un tercer bloque, Santo Domingo siglo XX, que trata de desde la primera expansión de la ciudad hasta el "Nueva York chiquito"

Cristóbal Valdez aborda la historia de esta ciudad de más de 500 años; cuyo nombre fue violado y rescatado, que fue golpeada y destruida por huracanes y guerras, que ha sido asaltada y desvalijada por piratas y por políticos; con la intención de develar contradicciones y de desmitificar, que no enderezar, entuertos,  como el legendario caballero de La Mancha, y lo hace con la metodología del relojero, encajando la pieza precisa en el lugar exacto.

Sus análisis de las razones del traslado de la ciudad a la ribera occidental iluminan un tema que nunca había sido explicado de una manera tan racional.

Lo mismo sucede con el desmontaje de los aportes del Comendador de Lares a la Ciudad Colonial y el cuestionamiento de la llamada Ciudad de Ovando, tan presente en la actualidad con la ejecución  el programa de incentivo al turismo en la Ciudad Colonial de Santo Domingo (CCSD) que financia el Banco Interamericano de Desarrollo, primer programa de grandes inversiones en CCSD desde los gobiernos del Dr. Balaguer  y que ha producido  desplomes físicos y conceptuales. Y el autor  lo hace a partir de un complicado rizoma ideológico que vincula el pasado colonial hispánico con una modernidad dictatorial, señalando al Dr. Balaguer como el autor de tal denominación por la admiración expresa de este último con el riguroso e inhumano método de gobernar de Ovando, a quien, siempre según Valdez, emula en sus propios gobiernos; y compara, de una manera magistral, diferentes acciones sobre la Ciudad del Ozama separadas por más de 500 años de desmadres urbanos y de una urbanofagia desvergonzada, todo esto acompañado de unos análisis gráficos construidos a partir de una documentación histórica acreditada, planteando unas reflexiones que sirven la mesa para un debate necesario, debate que la Facultad de Arquitectura y Artes de la UNPHU asumirá a través de lo que llamaremos “Tertulia sobre la Historia Crítica de Santo Domingo” que serán coordinadas por la Maestra Arq. Mauricia Domínguez, nuestra coordinadora de investigaciones.

A lo largo de sus análisis el autor plantea como las ciudades, y la ciudad de Santo Domingo en particular, se ha ido construyendo a partir de los impactos de las decisiones políticas extraterritoriales y por las influencias de los sectores de poder, identificando así una práctica que se repite desde la Colonia hasta nuestros días, demostrando históricamente lo que Emilio Brea y yo llamamos en su momento "El Trasfondo de las Transformaciones Urbanas".  

La historia de la ciudad se hace más explícita a la luz de los análisis de Valdéz, que insiste en como la vieja ciudad de Santo Domingo se ha ido conformando a partir de intereses particulares y resulta revelador como identifica las incidencias de los políticos sobre la ciudad, coincidente con la de los promotores inmobiliarios, que persisten desde los inicios mismos de la ciudad hasta  la actualidad, en no considerar el espacio público, ese articulador necesario que permite que las ciudades sean mas vivibles, como parte esencial  de los proyectos que formulan y señala, en una de las precisiones críticas más certeras del libro como  se conceptualiza  esta fórmula con el cambio del nombre de "espacio público" al de "área verde", considerada, dice el autor ,  como un "..., área baldía en la mayoría de los casos y sin ninguna relación con las comunidades que se supone debe servir ",  dejando entender que la misma pudiese ser cualquier espacio residual o accidente topográfico.

Antonio Vélez Catrain, ese dominico-español, creativo y emprendedor que tantas veces ha arrimado su hombro con el nuestro para concretar ideas sobre la ciudad de Santo Domingo, califica el libro de nuestro amigo Tobi, al prologarlo, de "militante", comparto con ustedes lo que dice Vélez:

"Este es un libro documentado y valiente. Pocas veces coinciden estos calificativos en un libro dedicado a la investigación urbana. Pero además, y no menos interesante y oportuno para su salida a la luz, también se destacan su amenidad y su visión comprometida, diría que militante, en la defensa de la razón que debería presidir y guiar estos procesos en lugar de la pasión de los políticos que sucesivamente ocupan el poder, los cuales, en general –no solo en la República Dominicana– de la ciudad saben bien poco." 

Nada mas claro para definir esta obra que hoy se pone a la disposición de todos, desde los lectores interesados y los estudiosos de la ciudad hasta los políticos que no teman auto-indigestarse cuando descubran en el texto sus propias veleidades urbanas.

Nos parece que el leit motif de esta historia critica se desliza entre dos ideas fundamentales: la incidencia de las decisiones políticas y extraterritoriales sobre el destino y la conformación de nuestra ciudad y la cantidad hechizada, como diría Lezama , de las oportunidades perdidas para mejorar este contexto urbano receptáculo de sueños y pesadillas cotidianas.

En ese sentido pienso en los planes de Bernardo Giner de los Ríos, de 1939, el republicano español y ex ministro de la República Española en el exilio que fuera contratado por el dictador Trujillo a sugerencia del Embajador Español en el exilio Fernando de los Ríos primo de Giner ; pienso también en el Plan  Vargas Mera-Solov, que como dice nuestro autor: "fue un intento del dictador de poner freno a las migraciones del campo, que ya en el año 1956 se estaban incrementando fuertemente." Y donde  "Se introdujo el concepto de límite urbano y una zona suburbana de expansión que absorbería el crecimiento en el futuro." Y que "contenía un proyecto de viviendas de interés social para los barrios marginados." 

O el Plan del consorcio Padco-Borrell, ganador de un concurso para hacer un plan de ordenamiento territorial de la ciudad de Santo Domingo, relacionado con el financiamiento por parte del BID de un nuevo acueducto a finales del gobierno del Dr. Balaguer en 1978, con un estudio que "…estaba dividido en dos partes: el diagnóstico y el diseño del plan. Sólo se llega a hacer la primera parte, el diagnóstico, ya que el nuevo gobierno no continúa el proyecto del acueducto y, en consecuencia, el BID no sigue con el financiamiento de la segunda parte del proyecto: el diseño del plan."  Continuando con una de las grandes conclusiones de su libro:
"De nuevo decisiones políticas, de dentro y fuera del país, afectan el desarrollo de la ciudad e impiden que se realice un plan." 

Sigue nuestro autor explorando su tesis central de que las decisiones políticas exteriores y locales han desgraciado nuestra ciudad y analiza los proyectos que se desarrollan en la década final del siglo pasado, de base esencialmente social, como los proyectos de El Caliche, proyecto modelo de mejoramiento urbano con la  agencia de cooperación alemana, GTZ , parcialmente ejecutado; el Plan Cigüa  y el Plan Resure, llamado al inicio del gobierno del Dr. Fernández  “el megaproyecto contra la  pobreza” que fue desplazado prontamente por otro megaproyecto mas acorde con las ideas del gobernante


Reseña eventos importantes como las seminarios “Santo Domingo 2000” en 1975 realizado por la Facultad de Arquitectura y Artes de  la UNPHU y el ADN con el objetivo  de analizar  los problemas de la ciudad y las posibles soluciones para el año 2000 y su secuela de 1995, “La Ciudad de Todos, Santo Domingo 2000, Veinte Años Después”, organizado para “...realizar un análisis retrospectivo de las propuestas surgidas en el 75 y proponer acciones concretas para el fortalecimiento de las estructuras urbanas de Santo Domingo”

Y llega  "así como del rayo", como dice el gran poeta y luchador español Miguel Hernández en su "Elegía a Manuel Sijé ", pasando por el plan de Peña Gómez sobre la ciudad y luego sobre el proyecto del malecón, tampoco realizados, hasta el "Nueva York chiquito" esa  "...«modernidad» concebida por el Dr. Fernández [que] se concreta en dos proyectos emblemáticos de su gestión: la remodelación de las avenidas 27 de Febrero y John F. Kennedy, que atraviesan la ciudad de este a oeste. Amplía estas vías llenándolas de pasos a desnivel y disminuyendo las aceras, dándole mayor espacio al automóvil y menos al ciudadano de a pié. Estas avenidas urbanas se convirtieron en carreteras rápidas dentro de la ciudad."

Termina Valdez esta parte con una declaración lapidaria:
"Nuevamente se trata de intervenciones que, igual que en los tiempos de Balaguer, no correspondían a ningún plan de ordenar la ciudad y fueron concebidas para el símbolo de la modernidad: el automóvil. Una de las consecuencias de estas intervenciones ha sido la desvalorización del suelo sobre ambas avenidas, la velocidad del transito y la imposibilidad de uso peatonal, además de la perdida total del espacio público." 

Creemos que en esta parte, la parte de la ciudad moderna, es que nuestro cronista crítico despliega toda su militancia ideológica que muchos considerarán radical, pero a la cual me adhiero totalmente. Nuestra ciudad, esta ciudad novelada, descrita indistintamente como un poema delicioso o una espeluznante pesadilla; esta ciudad que sufrimos y amamos con igual pasión, se ha conformado a tropezones dirigidos por los intereses políticos, nacionales e internacionales y los sueños petulantes de gobernantes insomnes.

Permítanme referirme ahora al libro como un objeto de diseño en un mundo donde el libro debe competir con las publicaciones en línea y las redes sociales que han conformado un lector de imágenes y resúmenes de no más de 140 caracteres, según Twitter, ese pájaro que nos devora y que hace que confundamos los amigos con los seguidores, según el cantante belga Stromae en su canción Carmen.  

Historia crítica de la ciudad de Santo Domingo, es un bello libro y un objeto que conjuga un magnífico texto con unas gráficas explicativas y bellas y un diseño tipográfico contemporáneo.

Constantinos Saliaris me señalaba, por ejemplo, lo que el llama "un detalle exquisito" en el diseño del libro, la parte histórica, desde la colonia hasta finales del siglo XIX, se imprime en un papel color sepia con textura, un código de color en naranja oscuro y una tipografía Garamond, la parte moderna del siglo XX, está impresa en papel blanco satinado con un código de color azul aqua y una tipografía Gotham. Todo completando una propuesta atractiva y capaz de satisfacer tanto al público joven devoto de las redes sociales como a aquellos que aún disfrutamos el libro como un ritual de conocimiento.

Al final, en el epílogo se descubre el optimismo del autor cuando declara que: 
“Santo Domingo es una ciudad con grandes recursos y oportunidades que, bien orientados y coordinados, podrían convertirla en poco tiempo en una ciudad referente para su región y en la que la calidad de vida de sus ciudadanos sea el reflejo de su belleza.
Apostamos a una mejor ciudad centrada en el hombre, en la que la calidad del espacio público llene de orgullo a sus ciudadanos.” 

Cristóbal Valdéz, como buen cronista, ha sido él mismo actor y testigo de excepción de muchos de los capítulos modernos de su historia crítica y asume valientemente, como también lo califica Vélez en su prólogo, su posición ideológica y técnica, una posición comprometida con esa idea que el neoliberalismo, que trata de ponerle precio a todo y que ha piloteado esta civilización hasta llevarla al borde del colapso, ha tratado, sin resultado, de estigmatizar. Cristóbal Valdéz, como muchos de nosotros, está comprometido con la Utopía, esa Utopía que el maestro Eduardo Galeano, citando al director de cine argentino Fernando Birri, decía  " ...que está en el horizonte” y seguía diciendo: “Yo se muy bien que nunca la alcanzaré, que si camino diez pasos ella se alejará diez pasos. Cuanto mas la busque menos la encontraré, porque ella se va alejando a medida que yo me acerco. Esa Utopía que  sirve para eso, sirve para caminar". 

Cristóbal Valdez es un caminante de la Utopía, un peripatético encantador de serpientes - y no me refiero a ningún político en particular-, un sembrador de ideas y promotor encantado de la ciudad buena, que, como dice el poeta sevillano Antonio Machado, ha hecho camino al andar.

Omar Rancier.
Veinticincodejuniodedosmilquince.
Parte del Público asistente. En la primera fila la Dra. Arq. Linda Roca, el Arq. Bienvenido Pantaleón, en la segunda fila la Arq. Diana MArtinez, Arq. Federico Abreu, Arq. Chileng Ho, Arq. Mauricia Dominguez y el Dr. Guillén
De izquierda a derecha: Arq. Omar Rancier, Decano de la Facultad de Arquitectura y Artes, Arq. Miguel Fiallo Calderón, Rector , Arq. Cristóbal Valdéz, autor del libro, Arq. José Antonio Constanzo, Director de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo y el Arq. Constanstinos Saliaris, Director de la Escuela de Diseño.






sábado, mayo 23, 2015

Manuel Bermúdez: Rehabilitar los barrios populares para construir la ciudad

Cuquito, Ricardo, Emilio Brea, Emilio Martinez, Omar y Manuel, la noche de entrega del Premio Henry Klumb. 2003.

Manuel Bermúdez es uno de esos arquitectos que han sido parte del movimiento de arquitectos del Caribe que promovió, y aun promueve, el Grupo Nuevarquitectura.
Cubano de nacimiento, puertorriqueño de corazón y formación, dominicano por amistad y caribeño por todo lo anterior y porque desde hace años estudia sistemáticamente con sus estudiantes de la Escuela de Graduados de la UPR la arquitectura del Caribe, Manuel es  parte de ese entrañable grupo de amigos caribeños que conforman entre otros, en Puerto Rico, Emilio Martinez, el inolvidable Luis Flores, Andrés Mignucci, Jorge Rigau, Enrique Vivoni, Paco Rodriguez y Carlos Betancourt en las academias; de Cuba, Jose Antonio Choy y Julia León, y los maestros idos de Fernando Salinas, Roberto Segre y Mario Coyula; Gustavo Torres y Serge Lechtmy  de Martinica y Jack Sansilie de Guadalupe, que siempre han apoyado las Bienales de Arquitectura de Santo a Domingo y las actividades que se han desarrollado desde la UNPHU o desde la Sociedad de Arquitectos.
Hace un par de años estuvimos participando con estudiantes de la UPR y la UNPHU, en el proyecto Aliarse para desarrollar proyectos que involucren a la comunidad en la Ciudad Colonial de Santo Domingo.

Manuel Bermúdez presenta los proyectos de Aliarse. 2011.


La obra de Manuel es de una calidad pensada y ha explorado escalas diferente desde la ciudad a la arquitectura en una búsqueda de la idea del Caribe.


Manuel Bermúdez, AIA. Relocalización Comunidad El Peligro.
Tomado del Catálogo de Arquitectura Contemporánea en Puerto Rico. AIA


Ha escrito sobre la arquitectura de Puerto Rico y el Caribe y además imparte docencia en la Escuela de Graduados de la Universidad de Puerto Rico.
En esta ocasión Manuel Bermúdez nos trae una conferencia sobre  la rehabilitación de los barrios populares como una estrategia para construir ciudad. Esa ciudad del Caribe que tanto ha estudiado.
PeNeLopE invita a esta conferencia este lunes 25 de mayo en la Sala Max Henriquez Ureña de la UNPHU a las 7:00 PM.

domingo, mayo 03, 2015

GNA36

GNA36

A Sheyla, Edda, Angelita, Fátima, Nourys, Manuel, Rafi y Cuquito, por todo.
A Emilio, porque extraño mucho su ausencia que se hace una presencia cotidiana y porque hace falta.


Poco me importa donde rompa mi estación
Si cuando rompe está rompiendo lo imposible.
Canto Arena
Silvio Rodriguez.




Hoy hace 36 años un grupo de muchachas recién salidas de las aulas universitarias decidieron crear un grupo de estudio con la finalidad de completar su conocimiento de la arquitectura sin saber que esa decisión iba a repercutir en el devenir de la arquitectura Dominicana.
Sheyla Lopez, Edda Virginia Grullón, Angelita Burgos, Fátima Karam, y Nourys Bello sembraron de esa manera la semilla de una de las más bellas iniciativas por el conocimiento y el reconocimiento de la arquitectura, "principalmente de la arquitectura Dominicana" que hasta el momento se desarrollaba sin el reconocimiento social que merecía; esta chicas talentosas fueron acompañadas por Manuel Pujols, arquitecto y fotógrafo de una fina sensibilidad. Posteriormente tuve el honor de que se me invitara a participar de este grupo de estudio al que se integró también Rafi Lantigua.
El salto de convertir el grupo de estudio en un grupo crítico de difusión de la arquitectura, fue el paso lógico al darnos cuenta de que teníamos que compartir nuestras reflexiones con un público más amplio y ahí viene el bautismo del grupo de estudio que se convirtió en el Grupo Nueva Arquitectura.
Habíamos decidido publicar en la prensa los resultados de nuestras discusiones y un coloso del periodismo dominicano, Don Rafael Herrera en ese entonces Director del Listín Diario nos abrió las puertas de ese medio y accedió a publicar los primeros trabajos sobre la crítica de la arquitectura contemporánea que se realizan en el país.
Anteriormente se habían publicados trabajos sobre arquitectura Dominicana pero generalmente fueron dirigidos a la parte histórica de la arquitectura colonial, como los excelentes trabajos de Eugenio Pérez Montás y Doña María Ugarte en el suplemento cultural del Caribe; o se habían limitado   a reseñar los aportes de Guillermo Gonzales a raíz de su muerte en 1970, como los publicados en noviembre de ese año en la Revista CODIA 38, con dos magníficos ensayos sobre la obra de Gonzalez de Pérez Montás y de Roberto Bergés, pero fue el Grupo Nueva Arquitectura que inició y posteriormente sistematizó, cuando se pasa a publicar en 1982 las Hojas de Arquitectura, en El Nuevo Diario, el ejercicio de una crítica que se acompañó de unos programas de difusión de la arquitectura Dominicana que se convirtieron en paradigmas del ejercicio de una crítica no sólo arquitectónica sino también social.
Nueva Arquitectura inició, además, en 1981, acompañado por aquel CODIA con Juan Díaz Paniagua como secretario General y del grupo de estudiantes del Centro Javier, del que formara  parte el hoy flamante Canciller de la República, Andrés Navarro, la realización de las primeras exposiciones de arquitectura, que no fuese estudiantil como los Expo Taller de la Escuela de Arquitectura de la UASD.
En 1981 se inaugura, en Casa de Teatro, Arquitectura Contemporánea en la República Dominicana, Ciclo de Charlas y Exposición de Arquitectura en homenaje  al Arq. Manuel Baquero- Manolito, recién fallecido en esa época. Durante tres días , del 4 al 6 de septiembre y a casa llena, tuvimos una exposición con 39 obras de arquitectos dominicanos y un ciclo de charlas que consistió en un panel sobre el estado de la crítica de la arquitectura en el país y cinco conferencias magistrales.
Siempre pienso en este evento como el germen de la Bienal de Arquitectura Dominicana que inició Nuevarquitectura en noviembre de 1986.


Después de aquel evento invité a Emilo Brea a que se integrara al grupo y luego lo hizo Gustavo Moré,y esa decisión consolidó y renovó al Grupo, que posteriormente cambia la manera de escribir su nombre , ahora era, a sugerencia de Emilio, Nuevarquitectura. De aquí en adelante, lo demás, como escribió Emilio, es historia...Y debo confesar que siento un gran orgullo de haber sido parte de esta iniciativa que me permitió compartir con Sheyla, Angelita, Fátima, Edda, Nourys, Manuel, Rafi, Emilio , Cuquito y muchísimos arquitectos  y estudiantes, que hoy son exitosos arquitectos, periodistas y sociólogos, y empresarios a los que aprecio y admiro y que nos apoyaron en nuestro proyecto, a todos ellos gracias de corazón!
OR
Angelita, Sheyla, Omar, Nourys, Emilio, Edda y Jose Enrique
en la tertulia que la Fundación Erwin Walter Palm realizara para conmemorar los 34 años del GNA. Foto Diario Libre

sábado, febrero 21, 2015

Animula,vagula , blandula..Poética de Febrero: Puerto Plata de nuevo...





Los contertulios dePP: Elizardo Ruiz, Jennet Tineo, Denisse Español, Omar Rancier, Martha de Rancier, José Enrique Delmonte, Ramón Mendez y Sonya Pérez.

La primera semana de febrero recibí una llamada de José Enrique Delmonte para invitarme a participar en un coloquio sobre su obra poética. Le dije que sí y me vino a la mente los versos de Adriano que encabezan este blog: Animula, vagula, bandula... no se por qué, pero me pareció sugerente. JED me dijo participarían tambien las arquitectas Denisse Español y Jennet Tineo; los arquitectos iban a hablar de poesía y eso, aunque no era nuevo, resultaba novedoso. Participaría tambien el poeta puertoplateño Omar Messón y el coloquio se realizaría en el acogedor local de la Sociedad Cultural Renovación que tan certeramente dirige Doña Lillian Russo. PeNéLopE recoge en esta ocasión lo que nos atrevimos a decir los arquitectos in extenso. Omar Messón hizo una introducción sobre el contexto de la poesía en el Caribe y  Puerto Plata que dio paso nuestras intervenciones.  José Enrique agradeció los texto y como no recuerdo exactamente lo que dijo esa noche, me atrevo a citar una nota que puso en su FB:
“Algunos amigos de Santo Domingo se unieron con grandes amigos de Puerto Plata este viernes 13 de febrero de 2015 para disfrutar de una de las noches más significativas de mi vida. Tres poetas (sic) hablaron de mi humilde obra poética en Renovación. Denisse Español, Jennet Tineo y Omar Rancier, junto al artista plástico Orlando Menicucci. Algo sencillamente épico." 
Al finalizar  cruzamos a la bella casa victoriana que aloja la Sala de Arte Camilo Carrau, donde Orlando Menicucci realizó un bello performance. 
Espero disfruten estos textos dedicados a JED.



El poeta Omar Messón


Omar Messón Denisse Español, Da. Lillian Russo, José Enrique Delmonte y Jennet Tineo


Lluvia sobre el Malecónde Puerto Plata. Foto de Martha de Rancier.

Sala de Arte Camilo Carrau.
Arquitectura y Poesía en el Caribe: coloquio sobre la poética de José Enrique Delmonte.





   



Denisse Español
La espacialidad de la palabra. El puente entre la poesía y la arquitectura de lo imaginario. Un paseo por el mundo poético de Jose Enrique Delmonte.
Por Denisse Español


Bien podría decir que cada palabra es una casa. Inmediatamente abres sus puertas entras en un mundo amplio y largo donde esta se explaya y se pasea por espacios multicolores, reflejos de ella misma.
Siempre he pensado que la palabra es el elemento más fuerte que posee el ser humano y es quien cose el arte al hombre ya sea en forma de pensamiento, un decir, o un suspiro, quien insonoro se emite y convirtiéndose en palabra se concretiza permitiéndose ser contado.
Vicente Huidobro dijo, “En todas las cosas hay una palabra interna, una palabra latente y que está debajo de la palabra que las designa. Esa es la palabra que debe descubrir el poeta.” Este concepto que sembró una chispa curiosa en mí, iniciadora de la búsqueda del espacio que crea el lenguaje, haciéndolo hoy a partir del análisis de la poética de Jose enrique Delmonte Soñé.
Esta búsqueda, la cual uso de abrigo para merodear por este camino profundo de la poética del autor, se ha clavado en mí, tal vez por ser también arquitecta. Esta profesión que hemos elegido para vivir marca no solo tú manera de ser, sino también de pensar, de cómo reaccionar ante las cosas, de cómo vivir y por ende, marca de igual forma, la manera en que te expresas bellamente. Nuestra hermosa profesión nos afecta igualmente en la capacidad de ser contenido espacialmente, incluso por las palabras, aun mas cuando las mismas se convierten en valles, explanadas, hogar. Es tan fuerte esta manía del manejo del espacio, que somos capaces de comprender a las personas como lugares preciados, al ser amado como “el mejor lugar del mundo”.
Definitivamente, en mi esencia, creo firmemente que entre la literatura y la arquitectura siempre ha existido un lazo invisible que las ata, tal vez porque en mí, al igual que en Jose Enrique, Jennet y Omar, habita un lugar donde ambas viven en plena comunión. Pero también, es a través de la palabra que damos forma a las cosas en nuestro mundo imaginario, que generamos su concepto de existencia. Como dijera Angel Gonzales en uno de sus profundos poemas: ¿Qué sería tu nombre sin ti? / Igual que la palabra rosa sin la rosa: / un ruido incomprensible, torpe, hueco. Otorgándole así a la palabra el bastón de su objeto, imposibles pues, de ser separados.

Mediante el análisis de la obra del autor desde esta, mi perspectiva, he podido advertir el nacimiento de una espacialidad sonora y contundente, tejida con palabras y versos. Los ambientes creados, se encuentran ejemplificados en diversas ocasiones, presentados de una u otra manera, modificando la esencia de la palabra en su función básica y ampliándola hacia su significado oculto y latente. Bien podríamos decir que la obra de Jose Enrique revela infinitos aposentos a ser visitados, innumerables rincones y perspectivas para admirarle. He tratado de crear una clasificación para estos diversos mundos, agrupando su esencia en conceptos que a continuación presentaremos.
El espacio creado a través de las acciones.
Para que exista la acción, debe existir un escenario.
Cito a Orlando Fals Bordas en su libro Acción y Territorio: La acción, el hecho, instaura instantáneamente una identidad territorial, el apropiamiento del espacio a través de la acción ha creado por siglos el sentimiento de posesión de un entorno, la propiedad colectiva de la tierra.
Así como los padres de la patria accionaron una vez para hacerse responsables de un espacio territorial y regalarnos una nación, cada acción proclama la apropiación de un entorno que permanece indiscutible en la memoria.
Los infinitos escenarios de actuación, la ciudad, el campo, la casa, el espacio habitado en la memoria, son creados directa o indirectamente por la acción ejercida, por el verbo conjugándose en algún lugar. En las técnicas narrativas el ambiente físico es el espacio real, donde los personajes interactúan. A veces este espacio queda omitido en palabras pero latente y contundente sosteniendo una desarrollo real, de movimientos estridentes y fuertes.
Un ejemplo de este tipo de espacialidad lo hemos identificado en el poema Giramos, primer poema de Once palabras que mueven tu mundo, donde el autor dice:
“A pesar de la distancia, / adelantamos pasos / y volvemos al punto de inicio/ donde aprendimos a girar la rueda del ya no vuelve.”
Cuando adelantamos pasos, generamos un acto que evoca un recorrido, un camino se forma instantáneo en la mente. Estos versos sugieren de igual forma una distancia específica, larga y posiblemente triste, ya que se muestra justificada “a pesar de la distancia”.  La permanencia del acto que genera la incesante repetición, es la testarudez del hecho que hace surgir el camino infinito, sin finales reconocidos.
Al tropezar con los últimos versos que dicen “persistimos un día en aprender / a quedarnos.”
Surge en mi mente una pregunta ¿A quedarnos dónde? dónde existe ese lugar que crea el autor tejido de palabras. Es acaso un espacio imaginario, su alma o el lugar que crean dos personas cuando están unidas. El hogar que se genera y se desarrolla en la rueda, que se repite y no avanza, girando incesante. La decisión de permanecer sugiere un lugar, aunque ese lugar sea tal vez un estado de ánimo, la paz o la guerra interna generada al mismo tiempo en los momentos que sentimos cuando nos percibimos estancados.
O como en el poema Suficientes vértices
“Transito / entre vueltas y vueltas / como quien no sabe hacia dónde / mientras recuerdo las hojas / que crujen cuando vuelvo y paso / cuando me grito es lo mismo“ En este poema, a través de la idea completa y siendo sublimizada en estos específicos versos, el autor  convierte el cuerpo de la amada en un lugar, donde recrea un recorrido circular que emana recuerdos mediante los pasos sonoros que ha repetido, que son viejos (hojas secas) que resurgen ante la fuerza de un grito desesperado. Ese espacio conocido, suficientes vértices que enmarcan un recuerdo, es también infinitamente misterioso. Se convierte en el lugar donde ejerce sus dudas, donde finalmente no puede decidir de qué forma, qué manera ocuparlo.
En el libro Alquimias de la ciudad perdida, el espacio, a través de muchos de los relatos poéticos un mundo surreal y millonario, surge usualmente de forma conocida, siendo creado al nombrar artefactos que lo delimitan u objetos que ya existen en la ciudad y se divisan a través de un recorrido. Pero también, a través del mundo imaginario y parido en imágenes del autor, encontramos en ciertas ocasiones, ese lugar sugerido por la acción, ejemplificado de forma magnifica en el relato poético de nombre EL ÁGAPE. “como buenos corderitos se fueron colocando en fila india, los hombre por un lado, las mujeres por el otro, niños y señoras en el frente y condenados y piadosos al final” En este limitado párrafo se asoma un amplio lugar, una plaza o un callejón de la ciudad perdida. Se su grandeza se descubre mediante la idea del número de personas congregadas, organizándose para recibir el regalo del zumo, que en su realidad dudosa representa tal vez otra acepción. También en el mismo relato, al nombrar a varios personajes, surge de repente la idea del barrio como un contenedor repleto de conocidos, donde cada quien tiene y cumple con su rol. La espacialidad se muestra en su sentido comunitario. “Y hubo que llamar a Marta Santos, la comadre de Mileca, la señora de los ritos y las citas exitosas… y hubo que llamar a sor celeste que traía entre las manos un frasquito de mentol. “
El espacio que se crea en la memoria
Otra vertiente de la espacialidad, muy propia de la literatura, sobre todo de la narrativa, y que también tiene que ver en ciertas ocasiones con la acción, es el lugar que se crea en la memoria de un pasado. Un lugar que existió, que tal vez existe aún, pero que indiscutiblemente no forma parte del presente de quien lo presenta. Ese tipo de espacio de la memoria, nostálgico desde el instante mismo en que se descubre, se presenta usualmente afectado por los sentimientos de aquel que lo cuenta. Del tamaño, de la edad, de la forma… Siempre hago consciencia de que los espacios en la niñez eran mucho más grandes que hoy y al recordarles uno hala del pasado con la amplitud vivida. Un ejemplo de este espacio escondido entre las líneas del autor, es descubierto en el relato “la esperanza” del libro Alquimias de la ciudad perdida, donde el autor revela como pócima mágica su existencia  “Que fácil era enlodarnos y sonreír nuestras hazañas, que simple era lavarnos el envés de nuestras manos envueltas en laureles. Y saltábamos en los charcos estivales y nos adornábamos con cadillos con nobleza como si fuesen nabos. Y juntábamos tapitas de colores para luego colocarlas en la espalda so pena de parecer reveses.”
Es difícil no imaginar este escenario con sus indiscutibles actores, correteando felices, inundados de alegrarías. Cada cual en su cabeza, lo construye con la arquitectura de la nostalgia expresada delicadamente por el autor. Callejones húmedos, charcos listos para ser asaltados por diminutas pisadas, las hojas de los laureles tamizando el cielo…

El espacio arquitectónico de palabras elegidas. Conceptos disfrazados
Caminando un poco más hacia la arquitectura, casi rozando sus muros. Vistiendo el especial traje de arquitecta que se bordó sobre mí al leer por primera vez la obra de Jose Enrique. He descubierto, o mejor dicho, fui asaltada por frases arquitectónicas disfrazadas de poesía. Frases a las que les llamo “constructoras de una arquitectura imaginaria”.
Estos versos son poesía, hecho que ante la obra completa del autor no se pone en duda,  que empleando términos puramente arquitectónicos transgreden la realidad de su verdadero significado, multiplicándose y extendiéndose en su contenido.

El concepto de Verticalidad.
Es ciertamente la verticalidad un concepto arquitectónico. Este concepto presenta para mi uno de los puentes más claros que se construye entre la poética de Jose enrique y la arquitectura. Al recorrer el aposento de la obra del autor se advierte como crea un nuevo concepto de verticalidad en sus versos.
La palabra vertical o mejor dicho, el concepto completo que evoca un desplazamiento al infinito ascendente. La verticalidad existe en la poética de Jose enrique en forma de mujer. Y es curioso para mí el haber descubierto esta palabra acompañada de ese poético latido femenino cuando este concepto de manera casi universal es adjudicado al hombre. Entonces Jose Enrique se antepone la idea presentándose diminuto ante el ser amado, asumiéndola grande, mirando hacia el cielo para poder dormirse en su imagen.
“Tu tan erguida/ infinita/ entonces tu eco movió mi centro” (Ruletas y Naipes)
“Cuando te veo/ pareces un instante en vertical”

Otros ejemplos de este lenguaje poético – arquitectónico que asaltaron mi sub consciente, son presentados a continuación a modo de cierre de mi exposición junto a un brevísimo contracanto o respuesta que he escrito a cada uno en honor al autor, palabras nacidas en mi mundo imaginario, después de haberlos tomado sorbo a sorbo.

 “Antes de decidir la textura del destino/ Antes de sumergir mi borde / en los nudos o en los tallos”

Voy uniendo los nudos de los tallos con líneas imaginarias, sus bordes ya se han convertido en ramas estiradas dibujando el laberinto de un lienzo de luz, esas líneas son mis dedos, mis nudillos amarrados a los árboles.

“Conozco suficientes vértices /duplicados en esquinas que señalan / la calle sin salida que siempre / entorpece la mirada. “
En una caja rota, despedazada, he reconstruido tus rincones. No existen calles con salida en esta caja.

“Ya pude sumir longitudes en tus límites”

Navaja, corta
esas longitudes que
invaden bordes

“Dormitando en tu línea imaginaria”
La cabeza cae de improviso, un bostezo se adueña del mood y esa línea imaginaria que has dibujado, se borra entre sueños.

Junto a esta despedida les invito a que se animen hacer una excursión hacia la obra de Jose Enrique usando anteojos con diferentes perspectivas, se atrevan a descubrir las palabras que brotan incesantes dentro de los aposentos que este trabajo literario construye palabra a palabra.








Omar Rancier


Animula,vagula,blandula...
De Borges a Lezama.
Omar Rancier.

Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos...

(Pequeña alma, errante y encantadora
Invitada y compañera del cuerpo
Que pronto partirás a lugares
Pálidos, frígidos, desnudos
El fin de todas tus bromas)
Adriano    


Cuando pienso en definir la poesía me viene a la memoria la rima de Bécquer , " el meloso" como le llama JED, que termina con el contundente.
Poesía eres tu.
Y así la entiendo, poesía eres tú, él, ella, aquel, somos todos...es esa proyección del sentimiento hacia el mundo, simplemente.
Cuando pienso en poética, me voy a la definición de Umberto Eco, en el sentido de que poética es la capacidad que tiene un texto de comunicar diferentes significados, o sea de leerse de diferentes formas.
Y JED se expresa en ambos lenguajes, en la prosa poética donde juega con los significados múltiples que permiten una cascada de interpretaciones, a lo Borges , a lo Lezama y en el lenguaje de la poesía; breve y cargado de sentimientos, como Bécquer, el meloso.
Lezama, desde su mundo mágico de la cantidad hechizada, habla de poiesis y nos arrolla con un mundo de palabras y erudición regurgitado un Caribe mágico que se resuelve en el capítulo VIII de Paradiso y Borges desde su ceguera iluminada sueña, con Funes  , el memorioso, el sueño del soñador que recoge José Enrique y lo convierte en una metáfora de la ciudad perdida.
La voz de el poeta se desgrana en discursos, ritmos y cadencias que nos hablan, gritan y susurran a la vez y nos descubren un mundo, o mejor , nos descubren una nueva manera de ver el mundo donde las hormigas y la tierra son interlocutores idóneos del cielo y del mar, donde la propia ciudad hay que descubrirla entre pliegues y rizomas hechos de palabras, cabalgando desenfrenada sobre un trópico entrópico que descubren los pioneros entre sendas perdidas y pedregales filosos.
La ternura, por su parte, brota, y cruje como una vena rota, en breves destellos de sentimiento.

La lectura de los textos de JED la podemos hacer en tres tiempos:
La poesía
La prosa poética
Y los Ensayos
Y cada uno de esos tiempos nos hablan en un discurso poético - Eco- que nos refieren a autores latentes que permiten a nuestro poeta recoger de ese legado para construir un legado propio.

Quisiera comenzar explicando el título.
El verso de Adriano, me parece muy apropiado para describir al poeta.

Animula, vagula, blandula ( pequeña alma, tierna y flotante)

Así veo el alma de José Enrique.
Un alma pequeña en sus dimensiones  corporales, pero a la vez grande en una ternura especial que flota sobre los sentimientos y las cosas.
De ahí  se desprende una voz que va tejiendo su discurso a partir de otras voces  y aparece Borges, su predilecto, en su sueño que se sueña desde el propio sueño del soñador:

Inio tenía sueños recurrentes. Soñaba con  lugares perdidos, llenos de luz. Soñaba convertido en sonrisa, bañado en carcajadas  amarillas emanadas del abismo...
( Alquimias de la Ciudad Perdida, El Sueño. Pág. 73.)

Aparece Bécquer, el meloso, tejiendo sentimiento en las vírgenes vestales:

               "de pechitos nuevos y bucles entrelazados"
( Alquimias de la Ciudad Perdida, La Misión. Pág. 63.)


Y en la pedrera urbana aparecen, del lar nativo, Manuel Rueda desgajando la ciudad como una muñeca rusa y  Marcio Veloz Maggiolo escucha la voz de Ramón Francisco "en el pregón y el canto musical de la vida"

Caminó sola por las calles del  oeste y pisó cada adoquín de la Plaza Mayor, visitó las ruinas y descubrió el Alcázar, divisó los muros y pudo combinar el minutero con la hora en el reloj del sol...
( Alquimias de la Ciudad Perdida, La Misión. Pág. 63.)


 A mi, particularmente, se me enreda Lezama en varios de los textos delmontinos.

Caminaba a grandes pasos que apuraban su sendero sin destino, dormitaba entre Orión y Casiopea, y peinaba su antebrazo al despertar...
( Alquimias de la Ciudad Perdida, La Pasión. Pág. 56.)


En la poesía de Delmonte resuena el beso de Miguel Hernández, el poeta-pastor de la República Española revolucionaria:

Beso que parece cierre beso que se abre en beso
Beso tan redondo tan contorno tan completo
Beso aun beso que no escapa jamás el beso
Beso que repite las marcas del beso
Beso fuego
(Intensidad, Inédito. 2014.)


Quiero detenerme en el poema Inminencias, dedicado a Emilio Brea, a propósito.
Emilio, el amigo, mentor, consultor, de José Enrique.
Ese texto resalta claramente como el poeta, JED, transmuta el dolor lacerante de la perdida de su amigo, en una breve, conmovedora y bella elegía donde dice:

La inminencia en el verbo
donde calas esas impávidas versiones
de breves apegos tiernos
de incesantes convergencias

(Emilio en Tango Doble, Inminencias. http://rancier-penelope.blogspot.com/2014/08/celebrando-emilio.html )

Y del que escribió en prosa y en tango doble:

Me habló de futuro, de mi propio futuro donde él esperaba verme, de tantos planes editoriales y de ideas. Me tuve que ir y dudé si tomarnos una foto, sentí que ya no habría otro momento pero aposté al optimismo y nos prometimos porvenir. Me miró con aquellos ojos que transmitían piedad y gracias. Nos abrazamos y sonreímos y le pedí que sanara pronto. Cuatro días después entró en su fase final. Estuve todos los días junto a él hasta su partida. Había terminado su historia y apenas comenzaba su inmortalidad…
(Emilio en Tango Doble. http://rancier-penelope.blogspot.com/2014/08/celebrando-emilio.html)




En los ensayos, Eco resuena entre los muros y la arquitectura se convierte en habla, en  parole, en trópicos y palmeras y en gritos que tratan de rescatar nuestras esencias construidas de los piratas de cuello blanco que asaltan nuestras ciudades y nuestras vidas.
Quiero terminar con el final de los versos de Adriano, un poco indicando lo que le espera a nuestro poeta, arquitecto y amigo:

Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
(Que ahora te preparas a bajar
Por lugares pálidos, rígidos y desnudos)
O sea enfrentar nuestra sociedad….


Omar Rancier
Poética de Febrero. Puerto Plata, 13 de febrero de 2015.







Jennet Tineo


La palabra: el ladrillo que sustenta la verdad alquímica que funda la ciudad del sueño, en la prosa poética de José Enrique Delmonte.
por Jennet Tineo
La pelota qué arrojé
cuando jugaba en el parque
aún no ha tocado el suelo.
Dylan Thomas

Un incendio en medio de la nada fundó las estrellas, provocado en su efecto por causas ocultas en lo oscuro, semillas que sólo son conocidas por las manos del sabio, iniciado avanzado en operar el cuerpo incorruptible del absoluto, poderosas armas que las mentes profundamente despiertas insinúan y conocen. Estas armas son herramientas que construyen ideas, sistemas y estructuras, tienen la capacidad de destruir en la misma sagrada medida en que crean los mundos posibles.
José Enrique Delmonte lleva la palabra como un sino de su memoria, la lleva intacta como la ciudad que evidencia y describe en su libro Alquimias de la ciudad perdida, y es precisamente ella, la palabra, la bailarina iluminada en el escenario del cosmos, esa malabarista incandescente que funde internamente lo que es: en la materia, lo que es: más allá de lo tangible y muestra el origen de todo.
Alquimias de la ciudad perdida es una recopilación de textos breves, escritos en prosa poética, estampas y relatos que nos citan en lugares donde lo real y lo imaginario pierden la fina línea guía que los sujeta. José Enrique Delmonte logra en ellos trasmutar, en ese cruce de realidades y sueños, lo fantástico y es allí donde reside lo poético.
Un discreto viaje literario que comienza con la idea, donde se esgrime “un grito de guerra contra el olvido”, y es que antes de continuar sobre las líneas y lo que develan, debemos decir que la ciudad, y así nos lo plantea este arquitecto poeta, no es esto que capturan los sentidos en el instante; la ciudad esa que es plena y real, es la que almacenamos en nuestras memorias, la ciudad es un fantasma mental, no está construida de materia; está construida de los átomos transparentes de la idea, que se alza como piedra para sólo ser a partir de cómo es recordada, y sólo esto tiene sentido en su aire.
“Eran tenues carpinteros fabricantes de instrumentos capaces de abrir los sentidos de los que habitan un mundo ciego y estridente. Eran los que regaron el oficio. Eran los pioneros…” Así nos describe Delmonte a esos padres hacedores, forjadores del principio, que conciben en sus sendas los nuevos caminos que marcaran los pasos del futuro, ese fruto que se come congelado, bajo un sol implacable.
A partir de la esfinge que la idea es sobre la isla, surge el sistema, y es en esta parte que comienza a evidenciarse la formula mediante la que se pasan uno y otros la sabiduría y el conocimiento, porque la solidez de las civilizaciones comienza en los cimientos, y esos cimientos son vocablos evocados y específicos que unos pocos conocen, y como bien nos dice la narración: era lo mismo que formar una fila para seguir el camino de la espalda, yo te sigo, tú me sigues y nadie debe mirar atrás, se trata de una filosofía hermética, pues como dice Hermes Trismegisto; “Los labios de la sabiduría permanecen sellados excepto para el oído capaz de comprender.”
El origen del caribe y sus ciudades de sol, cuyos  puntos cardinales orientan a quien escribe y quien escribe edifica la urbe sobre el misterio, en la narrativa de José Enrique, nos recuerda a Macondo en sus personajes y sus imposibles reviviéndonos el alma; y seguimos el intermitente rastro de la luz, que realza bajo su lluvia incesante: la Estructura, título del tercer relato del libro.
En este encontramos un mantra salvador de la piedra y la argamasa que dice: “Soy capaz de levantarte, oh muros, y colgarte oh vigas para hacer de ti un palacio de envidias”. Se transforma en un canto inesperado que incita al lector a continuar lentamente hasta alcanzar la alquimia de la ciudad resuelta.
Los brazos abiertos de las metáforas, tienden alfombras de verde pasto para volar desde el punto fijo que este narrador omnisciente nos presenta en cada entrega, aborda la nave del relato breve tipo estampa, creando imágenes que invaden y se mezclan, podemos descubrirlo en un lenguaje nuevo, que eleva lo técnico al arte, buscando sublimar e hipnotizarnos vinculando personajes míticos, mitológicos de la historia universal con personajes citados desde su inventiva de creador, personajes que nos recuerdan espacios y escenas de la infancia, eso que nos es común en la maleta de nuestras experiencias.
En la Propuesta, cuarto relato del libro podemos abrazarnos con fuerza de estas líneas impactantes que dicen: “Al golpe del primer tambor resonaron la tibia y el peroné que crujieron como leones alados en medio de la tundra. Paso a paso entre contrapuntos y corcheas…” Son estas palabras las que ambientan nuestra entrada a la noche, al movimiento telúrico que nos sugiere el escritor con la danza. Porque todo es movimiento, nada se escapa hacia lo estático, hay que estar ciegos para creer que las cosas no avanzan o retroceden, levemente todo es movimiento.
Llegan Rómulo y Remo acompañados de Nerón a la costa, y puede sentirse en su llegada el olor de la sal, la determinación y el fuego, el dolor propio del inicio y es así como acompañados de estas figuras universales se reescribe la historia, y una nueva ciudad surge desde el viejo cascarón de la otra, esa que fue escribiéndose desde la otra orilla.
Una implacable señal impregna el sexto relato, bajo el título de la Esperanza, la esperanza que se instala  en nuestras sienes como un programa-consecuencia, eso que surge en los momentos más angostos del camino, es en este relato donde todos los lectores terminamos implicados y sin vuelta atrás comprometidos. “ Y saltábamos en los charcos estivales y nos adornábamos con cadillos que crecían con nobleza como si fuesen nabos. Y cosíamos los ruedos con gamuza para hacer más ligera la pisada, ¡Qué momentos Dédalo como olvidarlos!”  Al involucrar el olvido, José Enrique Delmonte evidencia la gran brecha entre la naturaleza y los artificios,  un sutil;  pero vibrante planteamientos nos hace recordar el pasto virgen y su sensación en los pies, en su indomable altivez contra la tela,  hermosa postal del espacio vivo, eso que tú que también eres Dédalo no debes jamás extirpar de tu memoria.
El Compromiso termina siendo el puente de unión entre estas dos ciudades, la que se siembra en la tierra y la que se eleva hasta convertirse en un frondoso árbol en nuestras conciencias, por esto en el séptimo texto las verdades se plantean amargas, difíciles de tragar y a pesar de ello un encantador hilo de azúcar las corrompe exponiéndola en estas líneas: “Hay promesas que es mejor no conocerlas, que es mejor no dejarnos convencer por su franqueza. Son pequeñas carnadas fusionadas con almíbar para luego ser vendidas por centavos”.
Desde el fondo del octavo relato surge una consigna casi militar y extraordinariamente es la marca más terrible de nuestro destino como pueblo confitado en una isla que se divide en dos mitades, sin equilibrio y de desiguales distancias territoriales, estas son las palabras que siniestramente en el texto hacen eco en nuestra identidad isleña: “Se tiñó de cascaras la línea divisoria de la isla para humedecer la tea que había quedado encendida desde la última batalla”.
En la Pasión, noveno título al interior del libro, crece el realismo mágico orientado por la religiosidad, inequívoca característica de nuestra idiosincrasia, se personifica en un hombre cuya cruz nos recuerda a Cristo en su propia pasión, sólo que este personaje tenía la rara capacidad de establecer una nueva dimensionalidad a lo pesado y a la monumentalidad de su problemática, en su fantasía podía dormir ligero y en esa parte estalla un dilema moral, o quizás una solución desde el punto de vista emocional, encontrar un posible escape como quien cierra un poco los ojos para no ver y se relaja en medio de lo hostil, inevitablemente tenemos que pensar en nuestras propias posturas ante los problemas sociales, en muchas ocasiones redimensionamos a conveniencia las situaciones. Así el autor nos cita a todos ante el décimo relato, con la clara idea de plantearnos la Misión, establecer a partir de él nuevas reglas, utilizando una personalidad de la literatura, la escritora francesa del sigo  XIX, George Sand, quien viene montada en una alondra a hechizar el mapa de la primada con sus pócimas inesperadas, que disfrutaran a lo largo del texto que da cuerpo a esta narración.
La luz rasga finalmente la túnica opaca del viejo casco urbano en su historia y fundación, con el planteamiento de la Visión desde el onceavo escalón de palabras descriptivas del onceavo relato. Surge en la determinación, la duda en esta oración: “Y pensaron regresar, desistir de esa locura de llamar los huracanes con dos piedras amarradas en un palo de limón”.  Pero la siesta le hizo imposible el regreso, no hay retorno para quien ya ha puesto un pie en la arena movediza de su propio destino. Doce marca el minutero, para percibir el somnífero sonido del Sueño, doceavo espacio textual del libro. La simbología sagradamente venerada por la ancestralidad nos provoca suspicacia al encontrarnos de frente con un cielo geométrico dispuesto a develarnos sus secretos más obtusos, esto se evidencia en el párrafo que dice: “Y el escribano hablo: señoras y señores, hoy somos testigos del nacimiento del símbolo, y la euforia destruyó el silencio de los presentes, que gritaron agitados, viva el rey y sus dominios, viva Persio y su designio de ensortijar nuestro destino, y se partió el cielo en triángulos sucesivos de treinta y tres grados y un rayo sinusoidal de color eneo casi similar al estaleo pero más pálido, se convirtió en martillo para girar sobre su centro y construir paredes y columnas, para levantar alfices y molduras, para cerrar las bóvedas de grandes luces soportadas sobre tierra humedecida, para coordinar los vértices donde colocar campanas que alcanzaran un día a responder con resonancias casi eternas los quejidos de los perdidos”. Así nos deja claro José enrique Delmonte el punto donde comienza la verticalidad de los sueños.
En la acción de convertir el metal inerte de lo pensado en resolución viva, aparece la Oferta, treceavo lugar de esta ciudad textual en su alquimia. En este experimentaremos el erotismo ofrecido desde los  húmedos muros del deseo, una postal del paraíso; y nos habla del mar, de ciudades perdidas, el reino donde todo lo perfecto colisiona y desaparece, la Atlántida, esa visión mitológica de la utopía. Un aterrizaje forzoso en el Absurdo posición catorce del conteo, donde el escritor poetiza lo recurrente en el imaginario del libro y finalmente algo cambia, empujado desde el ritual de la prosa poética que caracteriza esta estampa.
Y es así como llegamos a trasmutarlo todo, cada texto es metido al fuego y su impacto, declarando la trasmigración de la idea de nación y su perdida desde los vericuetos del olvido, a la digestión de los elementos de un lenguaje nuevo formados por las letras de una ciudad configurada en su distancia perpetua, el relato número quince,  metafísico y trasgresor bajo el título de la Alquimia, encierra y libera el deseo como un ave que sobrevuela invadiendo cada grieta con el perfume propio de las posibilidades.
José Enrique Delmonte no sólo mueve nuestro mundo desde sus propuestas arquitectónicas y de prosa; sino que extiende el dominio de la construcción creativa desde las alas porosas de la poesía y surge el misterio del amor entre las sabanas con Once palabras que mueven tu mundo y otros poemas inéditos.
Once palabras que mueven tu mundo, poemario que exhibe una brillante sutileza, refresca los sentidos arrasados por la sensualidad del amor y la nostalgia: se extraña, se sufre, se reconoce en el otro un espejo y una perdida incalculable del espacio que llamamos propio; como cuando leemos esta estrofa del poema Al Cabo de los años que dice:
Cuando te veo
Pareces una espuma, que aún permanece
O una estela endurecida sobre aguas
O una marca que señala el vacío ya perdido
O tal vez
Una luciérnaga dando vueltas sobre vueltas
Un paso congelado

Y continúa diciendo:
Y te veo y peco sin piedad, sin aliento
Vuelco mi esperanza en tu techumbre
Duermo, varias veces, aprisionado por tus duendes.

Nunca deja de lado el poeta su capacidad de reconocer en las calles, esquinas inesperadas, espacios hechos de palabras y momentos; nunca deja de lado el poeta su capacidad de poetizar las formas, las estructuras, la cadencia y el ritmo de lo arquitectónico. La poesía cobra una fuerza distinta coloreada por vidrieras altas, vitrales de su alma y en poemas como En la otra orilla, la piel descubre una nueva textura cuando leemos:

Soñábamos las islas insomnes
Las líneas adyacentes que confinan al mundo
La espuma que nos traga en fantasías de dos puntas.
Y contábamos pendones amarrados al espejo:
Un pocito de favores
Una esquina de solsticios
Una almendra madurada entre tus manos
Un martillo
Y dos cajuelas.

Versos contundentes conspiran hasta producir un movimiento en el alma del que lee, y el poeta nos dice:
Te sabía una parada inevitable
Un pedazo de viento que somete latitudes
Un estío
Un sombra o tal vez un pétalo
Eternizado con tu nombre.
En el poema titulado Cuando el Olvido perdió la memoria, la figura humana se presenta en su división de géneros, enamorada y suspendida mientras el poeta nos eleva con esta estrofa.
El miro por un instante
Su figura
La entendía
Como un ritmo necesario del destino
La beso entre sus dedos
Calurosos, la abrazo y la lloro
El entonces dijo esa frase inesperada
Esa suma de figuras incesantes
Un conjunto de palabras destructoras de su símbolo.

La soledad es otra cosa en la poética de Delmonte, estar solos pasa a ser el disfrute de una presencia hecha de nostalgias, del privilegio de otro tiempo más hermoso en compañía, tal como exaltan estas líneas del poema Solos:
Después de la jornada
Apenas quedan rostros
Pocas nueces
Dos o tres vasos desechables
Suspendidos en el patio
La imagen inerte del desconocido
Que rego historietas ya gastadas…
Más adelante continua diciendo:
Marcas de migajas y sombras
que rodaron hacia donde fue la algarabía.

Lo mismo sucede en el poema Estas y existes, donde se me hace imposible no transcribirles estos versos hermosamente logrados:
Si te vas
Treparé despacio
Tenue
Ligero a las copas más oscuras.
Si te vas, moriré en la tarde que duele en la esquina solitaria.

La presencia del mar penetra la arquitectura azul del verso en la sal, la espuma, el agua y su ola; así nos dejamos poseer por el poema cuando intuido desde el vaivén, busca nombrar lo amado, como nos manifiestas estas estrofas del poema Escribo incesante tu nombre que dicen:
Es un giro de espumas y sales.
Una estela sembrada en mis noches.
Tal vez una línea
Sin bordes ni esquinas.
O quizás una niebla,
Un suspiro, una huella.
O una queja fijada en el tiempo.
Cuando tuerces
-al fin-
Pones tu línea en mis manos y escribo incesante tu nombre.
La danza y la sutileza del movimiento es un signo, signo de los cuerpos y sus orbitas, de lo femenino y lo masculino entendiendo su papel desde la interacción con el opuesto, derivando el absoluto en estos versos que anidan la música del vértigo cuando el poeta escribe:
En tu cercanía
-te juro- Detienes el mundo
En la danza que aún espera
Como si nada hubiese sido antes de nosotros.

El tiempo se maneja en los poemas como un perseguidor indiscutible de las palabras, que se agotan tras su paso invencible y efervesce en versos como estos del poema Suficientes vértices:
Dos zumbadores
Solo dos
en medio de los tantos cronogramas
Que llevamos para seguir adelante
Ya suena la hora y me espanto

Éxtasis pleno en la brevedad del poema que da título al libro: Once palabras que mueven tu mundo y respira en su caligrafía de humo tres encantadores versos en la sintonía de la luz que dicen:
La mano que te falta
Diluye
La mano que te toca

Grandioso, así en ese breve espacios de palabras crece la admiración de lo perfecto, a veces pensamos que para decir mucho hay que abundar, pero esto la verdadera poesía lo desvirtúa en su precisión, porque las palabras bien armadas de su ruido interior nos dejan esa vibración que se extienden más allá de su significado, al ritmo del alma y dicen mucho más  que lo que puede leerse.
José Enrique Delmonte arquitecto y poeta es un genuino creador, está parado sobre el sentimiento dejándose provocar, inaugurando en sus metáforas e historias un relámpago que vincula mundos distintos, donde el arte crece como un puente indiscutible y perpetuo sobre las aguas incesantes de la experiencia humana.
Puerto Plata, febrero 2015



El performance de Orlando.